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miércoles, 10 de febrero de 2016

El pueblo que el diablo protege

Publicado originalmente en la revista Voy y Vengo en enero de 2016

















No hay día en España que no sea de fiesta. Tanto las grandes ciudades como los pueblos más pequeños tienen su santo patrón y el día marcado en el calendario litúrgico para recordarlo se convierte en motivo para unir a vecinos y visitantes alrededor de música, comida, danzas y eventos culturales. Es el caso de Castellbisbal, municipio ubicado en la provincia de Barcelona.
A 26 kilómetros de Barcelona, Castellbisbal celebra su fiesta el 22 de enero, día de San Vicente. A pesar de caer en pleno invierno, sus habitantes desafían el frío y la nieve para unirse en una celebración cuyos principales actos son dos tradiciones con especial apego en Cataluña: el baile de gigantes, enormes figuras de cartón-piedra portados por una persona que los hace girar, y la butifarrada, donde el embutido de origen catalán se reparte en un gran banquete.
Pero si la alegría y la convivencia de la fiesta son similares a la del resto del país, Castellbisbal tiene algo que lo distingue. Aquí, San Vicente comparte la labor protectora con el personaje aparentemente menos indicado para ello, Satanás. La leyenda detrás de esto está ligada al monumento más importante del lugar.
Un puente construido en una noche
Habitado desde la época romana, Castellbisbal siempre ha estado ligado a su pueblo vecino, Martorell, del cual está separado por el río Llobregat. Para llegar hoy a esta zona, la mejor opción es hacerlo por la Ruta S4 de ferrocarril, que hace parada en una estación compartida por ambas poblaciones.
Desde ahí es necesario un viaje extra en autobús para llegar a Castellbisbal, que contempla los trenes desde la cima de una colina. En cambio, para llegar a Martorell sólo hay que cruzar a pie el río por un puente que siempre ha sido enlace entre ambas localidades y cuya leyenda explica el agradecimiento del diablo con Castellbisbal.
Se cuenta que, tras una crecida del río, el puente romano original fue destruido y Martorell quedó aislado. Sabiendo de la desesperación de los vecinos, el diablo se presentó ante ellos prometiendo levantar uno nuevo en una sola noche. A cambio quería el alma del primer hombre que lo cruzara.
Animados por una anciana, los pobladores aceptaron, y al amanecer el puente estaba listo. Esperando al desafortunado con cuya alma se quedaría, el diablo vio a la anciana acercarse con un gato, al que azuzó para que cruzara, e indicó al diablo que podía quedarse con el alma del animal. De ese modo la gente quedó libre de usar el puente.
La obra que vemos hoy en día es, en su mayor parte, una reconstrucción de los años sesenta del siglo XX, pues el original fue víctima de la Guerra Civil. Pero fue restaurado respetando el modelo del puente gótico levantado en 1295 y que, si bien tardó años y no una sola noche en levantarse, nos muestra con su pronunciada pendiente que fue planeado para evitar cualquier otra posible crecida del Llobregat.
Desde la cumbre del puente se nota el contraste de la tierra entre ambos municipios, pues en Castellbisbal es rojiza. La leyenda del diablo no termina con su derrota pues, burlado, fue perseguido por los vecinos de Martorell y se refugió en el pueblo vecino, donde, para su sorpresa, fue bien recibido.
En agradecimiento, el diablo pintó el suelo de rojo. Gracias a eso podía reconocer a sus pobladores en cualquier lugar por el color del barro que se adhería a sus botas y protegerlos a dondequiera que fueran, como lo protegieron a él.
Un viaje a la vida rural
Si el color de la tierra era tan importante cuando se generó esta leyenda es porque durante muchos siglos Castellbisbal fue un municipio agrícola. Tras una jornada de trabajo, todos volvían al campo con cazcarria en sus pantalones; de ahí que el lodo fuese un modo de identificar a alguien del pueblo.


Vista de Castellbisbal
Sin embargo, la vida rural acabó en gran medida durante el franquismo. Siendo un lugar cercano a Barcelona, Castellbisbal fue elegido por el desarrollismo para ser un polo industrial y sus habitantes pasaron de cultivar la tierra a laborar en los recién construidos polígonos industriales.
La cultura asociada con la vida en el campo estuvo a punto de desaparecer hasta que en 1985 se abrió el Museo Histórico de la Pagesia. A partir de diversos artículos en desuso donados por los habitantes del pueblo, el museo empezó a rescatar testimonios de cómo era la vida de campo y se convirtió en un punto indispensable para visitar.
Los instrumentos de labranza, el transporte, los mercados y la naturaleza son elementos de la exposición, que culmina con la vida de las personas. Ahí, las relaciones familiares, los juegos, las fiestas y las creencias son reconstruidos junto con los espacios donde se desarrollaban.
El museo, además, cuenta con exposiciones temporales enfocadas en el arte y la fotografía. Asimismo, anualmente realiza una muestra de oficios tradicionales, mediante la cual se conoce de primera mano el trabajo de canteros, carpinteros, tejedores y de otros oficiales cada vez menos comunes debido al advenimiento de la tecnología.
Una colección peculiar
Del mismo modo, un vecino, Joan Bosch, por su cuenta empezó a comprar tractores descompuestos para entretenerse reparándolos. Sin darse cuenta, su pasatiempo lo orilló a buscar más y más maquinas, primero en el interior del país y luego en otros lugares del mundo, hasta que formó la colección de tractores más grande de España.
Bosch no pensó que el asunto tuviera interés para nadie más que él, por lo que se sorprendió cuando en un viaje por Francia descubrió que en varios pueblos había museos dedicados al tema, lo cual lo animó a exhibir su colección en el que se convirtió en el primer Museo del Tractor de su país.
Las máquinas que ha logrado comprar provienen de rincones tan lejanos como Argentina y Australia, y abarcan un periodo de casi 70 años. El tractor más viejo que tiene es de 1898. Un armatoste de cinco toneladas, el más nuevo de todos, es de 1965.
La pasión de Bosch es contagiosa, y el museo, que sacó adelante sin ningún apoyo, representa un modo de descubrir lo complejo y variado de algo que en apariencia es muy simple.
Ermita de San Vicente en Castellbisbal
La visita empezó con San Vicente y termina con él. Además de la iglesia mayor, frente a la cual se lleva a cabo la fiesta, el santo tiene dedicada una pequeña ermita medieval. Ésta es lo único que queda del antiguo castillo y se localiza en el punto más alto del territorio. Desde ahí se tienen las mejores estampas para despedirse de Castellbisbal con una digna fotografía.
Un pequeño sendero conduce, camino abajo, hasta los trenes, y seguirlo garantiza que el barro ensuciará nuestro calzado. De ese modo tal vez el diablo nos ofrezca su protección tras haber pasado la jornada en su pueblo predilecto.

martes, 28 de julio de 2015

Barcelona: un paseo modernista

Artículo sobre un recorrido por la Barcelona modernista Publicado originalmente en Viajero Ejecutivo número 26. Julio de 2015.

Barcelona Modernista por Francisco Fontano

Barcelona Modernista por Francisco Fontano

Barcelona Modernista por Francisco Fontano


lunes, 15 de junio de 2015

Sabores del Eixample

Miniguía de viaje gastronómica por el Eixample en Barcelona.

Escrita en colaboración con María José Marroquín, Gretel Pérez y Adrià Valero

Publicado originalmente en tuaventura.org el 2 de junio de 2015


Las ciudades son organismos en permanente evolución, entes con vida propia cuya metamorfosis enmarca las diversas identidades urbanas y la relación de la ciudad con sus habitantes. De igual forma, uno de los mayores atractivos de cualquier ciudad yace en la conexión que logre establecer a nivel individual y la oferta experiencia. Barcelona es una ciudad vibrante, donde la posibilidad de elección no conoce barreras, donde cada público puede encontrar un nicho y los espacios de exploración son infinitos. Más allá de su geografía y clima privilegiados, del arte, cultura y arquitectura que ha visto florecer o de la efervescente vida de sus barrios emblemáticos, Barcelona es escenario de una riqueza cultural invaluable en la que la diversidad es protagonista. Los hilos de la historia han conspirado para posicionar a Barcelona como una ciudad altamente atractiva para la inmigración y flujo incesante de personas. Se trata sin lugar a dudas de una de ciudad cosmopolita en todo el sentido de la palabra, en la que convergen individuos y grupos humanos de todos y cada uno de los rincones del planeta dejando mella en la cara e identidad de la ciudad. La siguiente guía se ha planteado como un recurso de exploración de esa Barcelona multicultural a través de uno de los elementos culturales más ricos y distintivos: la gastronomía. A través de un viaje culinario y de diferentes productos gastronómicos intentaremos dar testimonio de esa multiculturalidad invitando a los lectores a conocer una Barcelona en la que es posible probar y conocer el mundo sin salir del fascinante espacio de la capital catalana.

 Andino Restaurant
Alta cocina peruana

Cuando Juan Carlos Palomino llegó hace catorce años a Barcelona desde su natal Huancayo en Perú, notó que a pesar del importante número de peruanos radicados en la ciudad, eran muy pocos los espacios donde se podía disfrutar de una verdadera gastronomía del país andino. Así, lo que suponía ser una visita a su hermana terminó convirtiéndose en un proyecto de vida que ha visto evolucionar y prosperar hasta convertirse en uno de los restaurantes peruanos más reputados de la zona de Sagrada Familia.
Por muchos años Andino se dedicó exclusivamente a servir el típico pollo asado del Perú que solía ser difícil de encontrar en Barcelona, pero desde hace un par de años ha ampliado su carta convirtiéndola en un verdadero deleite para los sentidos. Desde su famoso ají de gallina, pasando por maravillosos y copiosos ceviches y tiraditos hasta anticuchos o un clásico lomo saltado, hay opción de más para satisfacer cualquier paladar. Las bebidas y postres también tienen su protagonismo y nunca sobra alguien que se acerque para disfrutar de un buen Pisco Sour, una chica morada o una atemporal Inca Kola: “la bebida del Perú”.

Pero para Juan Carlos, lo verdaderamente importante y su mayor ganancia a través de los años ha sido poder mostrarle a la clientela no peruana (que es bastante numerosa) su cultura y la riqueza de la misma a través de la gastronomía. Por eso es muy cuidadoso con los ingredientes que escoge para no ser tomado como imitación, pues entiende que Barcelona es una plataforma hacia el mundo. Comprende que para muchas de las personas que atienda ajenas a su cultura, ya sean españoles o turistas de innumerables nacionalidades, su cocina representa una ventana hacia su tierra natal,  una oportunidad como pocas de viajar a través de los sentidos sembrando curiosidad y una imagen positiva del país que hace tantos años dejó.
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Paprika Gourmet
Gastrocultura Húngara
Cuando se da una pareja entre un español y una húngara amantes de la gastronomía, algo bueno tiene que surgir. Y en este caso surgió, para el privilegio de Barcelona, Paprika Gourmet. Un bistró pensado para ir más allá de la simple gastronomía y acercarse al concepto de gastrocultura que aquí con tanto encanto cobra vida.

La paprika es a Hungría lo que la Sagrada Familia a Barcelona”

Daniel Moreno y Veronika Fazekias, sus proprietarios, afirman que detrás de Paprika está la idea de llenar un vacío existente en el mercado que acerque al español con la gastrocultura centro europea permitiéndole acceder a productos únicos. A pesar de que el plato húngaro más reconocido al nivel mundial sea el goulash, en Paprika el producto estrella es el pastrami, maravilloso jamón de ternera sazonado con especias. De origen judío centroeuropeo y muy popular en Estado Unidos, el pastrami ha sabido traspasar tiempo, historia y fronteras para llegar hasta Barcelona. Y para acompañar un bocadillo de pastrami con mostaza y horseradish ¿qué mejor que una buena choucroute, pepinos curados y un vino húngaro?
Este lugar es acogedor, su decoración y ambiente invitan a explorar y preguntar con calma acerca de los productos que llenan las estanterías, a pasar el tiempo inmerso en una cultura diferente.

La Taquería
Gastronomía tradicional mexicana

Desde que vivía en la ciudad de México, Héctor Tlaseca siempre quiso tener una taquería. Esa idea quedó olvidada mucho tiempo, pero cuando este chilango vino a vivir a Barcelona y padeció la poca calidad de los restaurantes denominados como mexicanos, tomó la decisión de retomar su proyecto y arriesgarse con un negocio que ofreciera auténtica comida mexicana callejera a sus clientes.
Junto a otros dos socios se puso manos a la obra y el 12 de junio de 2012 abrieron La Taquería en un pequeño local junto a la Sagrada Familia. El objetivo de ofrecer una auténtica gastronomía mexicana se cumplió y el testimonio de ello es que el 80% de su clientela son mexicanos residentes en la ciudad condal.

La Taquería no sólo ofrece comida, sino que su ambiente es también auténticamente mexicano. La música es de diferentes estilos, pero siempre de ese país; los platos, saleros, mesas y utensilios son los mismos que se encontrarían en cualquier pequeña fonda mexicana; la carta está llena de expresiones y humor que dan un ambiente informal, y que, con frases como “para comer chingón”, “pásele güero”, “chescos” o “sooopas wey”, que todo mexicano reconoce como propias, se logra que todo comensal se pueda sentir en México por un momento.


La carta está llena de platillos como los tacos, las quesadillas y el guacamole, hechos con ingredientes traídos de México o conseguidos en España. Pero la posibilidad de probar diferentes platos existe cada semana, pues los sábados se prepara un platillo especial elegido por los clientes del local vía Facebook. La experiencia también puede llevarse a casa, pues el éxito del lugar llevó a que justo frente a él se abriera una tienda, donde puedes comprar los ingredientes y hacerte tus propios tacos en casa.



Xix Kebab
Alta cocina siria
Iskandar vivía en Alepo, Siria. De joven, las cosas le iban bien a su familia, cosa que le permitió venir a Barcelona en 1972 para continuar con sus estudios. Él estudiaba medicina y la ciudad condal era una buena oportunidad de hacer carrera. En su familia, haciendo honor a la fama siria, son buenos negociantes así que Iskandar decidió abrir un negocio para poder pagar sus gastos en Barcelona. Así surgió un bar de zumos de frutas que regentó con mucha ilusión.

Aun así, él siempre quiso abrir un restaurante, sobretodo de  la gastronomía de su país, Siria. Esto se hizo realidad después de conocer a Montse, la que ahora es su mujer. En 1984 entre los dos abrieron el Xix Kebab, un restaurante de comida siria tradicional en pleno Eixample de Barcelona, justo al lado del Hospital Clínic.

El Xix Kebab es un restaurante de plato y cubierto, nada que ver con el fast food”

En aquel momento el Eixample no era una zona tan turística como ahora, pues los turistas se concentraban en el Gòtic y los entornos de la Plaça Catalunya. Aun así, la fama del distrito se fue extendiendo como lugar de referencia gastronómica y son muchos los barceloneses que acuden a restaurantes como el Xix Kebab a probar comidas de otros lugares del mundo. Así pues, el Xix Kebab está muy frecuentado por los propios barceloneses desde su apertura, dato que demuestra la gran integración en Barcelona de los hosteleros extranjeros como Iskandar.
El Xix Kebab, que debe su nombre a Sish (pincho) y Kebab (carne cocinada con yogur), sirve platos de comida típica siria de alta cocina elaborados tradicionalmente. Aunque su nombre lo recuerde no tiene nada que ver con los kebab de comida rápida que se han popularizado últimamente.
Sus platos estrella son entrantes fríos basados en garbanzos y otras legumbres como el hummus, el muhammara y el mutabbal. También son muy recomendables los tes artesanales elaborados por ellos mismos y las carnes kebab cocinadas con yogur.

El local del Xix Kebab tampoco tiene nada que envidiar a ningún otro restaurante. La decoración es completamente originaria de Siria y te hace sentirte, sin duda, en el Oriente Medio. La mantelería típica está perfectamente cuidada y las lámparas parecen dignas de la antigua Persia. Unas  pipas de agua (shishas) originalmente expuestas, que pueden ofrecer para su uso en la terraza, completan la estética del restaurante.

Adaptándose a las demandas actuales, el Xix Kebab también ofrece menús y hasta hace poco hacían actuaciones en directo de música siria y danza del vientre. Esto último, no lo han podido mantener por la decreciente demanda, pero esperan poder retomarlo muy pronto.


Bombay City
Cocina Hindú
Bombay city, así como lo indica su nombre, es un restaurante especializado en comida de la India. Los cocineros se encargan de traer el auténtico sabor hindú a Barcelona a través de sus platos e ingredientes utilizados en la más exquisita comida. Con apenas dos meses de vida, el Bombay City ya cuenta con un gran flujo de clientes.

Su chef y también propietario Gupi, comenta que en todas sus comidas se utilizan las mejores hierbas y especias para asegurar la calidad y el sabor en sus platos. Es él mismo la persona encargada de recibir a los clientes y atenderlos de la mejor manera posible, para que todo el mundo quede satisfecho. Gupi es natural de la India, país que dejó hace algunos años para llegar a Barcelona y centrarse en la planificación y construcción del restaurante.
El menú se divide en varias secciones: Bombay, Taj Majal, Tadka y Lal Quila. En esta amplia carta se pueden encontrar desde el pan hindú, algunas variedades de arroces, platos basados en pollo y cordero, pescado, verduras y tandoori. Tampoco faltan postres típicos y batidos conocidos como lassi. El Bombay City cuenta con un ambiente acogedor y sencillo para disfrutar de la comida típica de la India.


Pitachok

Tienda Rusa

 Atravesar el umbral de Pitachok es lo más parecido a una experiencia de teletransportación. A quien se aventure en esta pequeña pero abundante tienda, dejará Barcelona por un momento para adentrarse en un universo ruso por excelencia.
Cualquier referente en castellano se deja en la entrada para dar paso al alfabeto cirílico y a lenguas varias que van desde el ruso o ucraniano hasta el estonio ya que como explica Irina Tirskaya, su propietaria, Rusia fue alguna vez muchas Rusias. De esta idea se desprende la filosofía de Pitachok, una espacio que pretende brindar productos que se conseguirían en cualquier tienda en Rusia más que simplemente productos “tradicionales” rusos. Lo legados culturales de las naciones que alguna vez compusieron la Unión Soviética aún siguen latentes en la cotidianidad rusa y por eso tanto allí como en Pitachok se puede adquirir desde una cerveza Lituana hasta un clásico kumis de Kazajstán.
Irina, llegó a España hace unos años pues su marido es de origen español con la idea de encontrar trabajo pero viendo que esta labor no dio frutos se decidió a abrir Pitachock quien cuenta hoy con clientela fija tanto de origen ruso como español. Irina comenta que a su tienda llegan muchos curiosos que se fían únicamente  del vodka y el caviar, pero una vez que ella se toma el tiempo de explicar sus diversos productos se animan a probar cosas nuevas y vuelven gustosos. Este espacio que debe su nombre a la versión rusa de Winnie the Pooh y donde matrioskas y otros detalles rusos reciben al visitante es una prueba más de que la multiculturalidad en Barcelona no tiene límite.


sábado, 16 de mayo de 2015

Una dosis de cultura cosmopolita

Artículo sobre viaje a Sitges, España publicado originalmente en julio de 2014 en Viajero Ejecutivo.

Parte del artículo salió más adelante en mi proyecto, Viajeros en Ruta

Artículo de viaje a Sitges por Francisco Fontano

Artículo de viaje a Sitges por Francisco Fontano

Artículo de viaje a Sitges por Francisco Fontano

Artículo de viaje a Sitges por Francisco Fontano

viernes, 24 de abril de 2015

Monasterio de Sant Cugat

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.

Publicado originalmente el 3 de julio de 2014


Querido amigo:

Vivir fuera de Barcelona me ha permitido conocer una mayor variedad de lugares de los que ven muchos visitantes, y así he logrado aprovechar mi estancia en Cataluña al máximo. Por supuesto, la capital de la provincia ejerce un magnetismo irresistible, y cada semana tomo el tren para disfrutarla al menos un día. Pero esos viajes en tren me han llevado a pasar por otras muchas ciudades y finalmente la curiosidad me ha llevado a visitarlas. ¿Alguna vez has escuchado de Rubí, Terrassa, Castellar o Palau Solità? Pues todos ellos son lugares cercanos a la Ciudad Condal, con algo que ofrecer e ignorados por los millones de personas que eligen Barcelona. Recorriéndolos, he conocido mucho más de Cataluña, y he cumplido el sueño de todo viajero de llegar a donde pocos lo hacen.
Hoy te escribo para contarte de uno de esos lugares, Sant Cugat del Vallès.

Atrio del monasterio de Sant Cugat

Sant Cugat queda a medio camino entre Barcelona y mi universidad, y aunque pocos extranjeros reparen en él, es uno de los puntos más importantes de la región del Vallès Occidental. En su centro tiene el antiguo monasterio de Sant Cugat, una abadía benedictina en excelente estado de conservación y que hoy aloja un interesante museo.
Al visitar el lugar, aprendí en primer lugar que el Cugat catalán se traduce como Cucufate en español, y es el mismo a quien la tradición en México acude para encontrar objetos perdidos, pero más allá de esta curiosidad, resulta que el lugar fue tan importante que durante la Edad Media fue el monasterio más poderoso del condado de Barcelona, y se convirtió en un auténtico centro de poder al que decenas de templos cercanos le estaban subordinados. Fue así fundamental para el desarrollo de la región.

Basílica de Sant Cugat

El museo de Sant Cugat, alojado en el monasterio, tiene una calidad que uno no espera encontrar más que en las grandes ciudades. En poco espacio no sólo disfruté del bien restaurado atrio, sino que aprendí de la historia de los monjes benedictinos tanto en España como Europa; conocí la evolución arquitectónica del lugar, que sigue el patrón de la orden en toda Europa; me adentré en lo que era la vida diaria de los religiosos y vi como el monasterio se desarrolló en todas sus etapas, desde su crecimiento y apogeo hasta su decadencia y abandono.
La exposición tiene cosas muy interesantes para los aficionados a la historia como yo, por ejemplo un audiovisual permite conocer todos los detalles de la regla benedictina que cada día seguían los religiosos. Y se ha hecho un excelente trabajo de rescate documental, con lo cual hoy podemos escuchar nuevas grabaciones de los antiguos cantos gregorianos, cuya letra podemos además seguir en una pantalla, por si te animas a practicar tu latín y cantar al ritmo de la música.
No puedes, además, dejar de visitar el templo anexo, que hoy mantiene su uso religioso. Esta basílica tiene un impresionante rosetón y su desarrollo estuvo totalmente ligado al del monasterio, por lo cual, conforme este adquirió poder, se convirtió en uno de los más grandes y bellos de los alrededores de Barcelona.

Espero que algún día vengas a verme a Barcelona, amigo. Y cuando lo hagas, además de enseñarte la ciudad te mostraré lugares como Sant Cugat, que están ocultos para todos los ojos salvo los que saben buscarlos.

jueves, 23 de abril de 2015

Los romanos en Tarragona

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.


Publicado originalmente el 5 de junio de 2014



Querido amigo:

Te escribo de nuevo para seguirte contando de mis viajes por esta Cataluña en la que ando viviendo. La semana pasada estuve en uno de sus puntos más importantes, Tarragona.

Esta ciudad tiene una de las historias más ricas de la comunidad. Su localización privilegiada llamó la atención de los comerciantes fenicios, primeros que se establecieron en ella, y más adelante fue habitada por pueblos ibéricos. Sin embargo, fue el imperio Romano el que puso a Tarragona en el mapa.
Anfiteatro romano de Tarragona
Durante las guerras púnicas la ciudad era un punto de abastecimiento para los cartagineses, por lo cual los romanos tomaron la decisión estratégica de conquistarla. Una vez que triunfaron, la entonces llamada Tarraco se convirtió en la base desde la cual Roma se expandió por la península Ibérica, y se convirtió en una de las urbes más importantes de Hispania.

Hoy Tarragona ha abrazado esta herencia romana. Sus sitios arqueológicos han llevado a la inscripción de la localidad como patrimonio de la humanidad de la UNESCO, y cada año la cultura latina es celebrada a través del festival Tarraco Viva.
Como historiador, no podía resistirme a conocer todo este pasado, y fueron los cuatro sitios arqueológicos romanos lo que más interés me generó. Es posible visitarlos todos a precio reducido con una entrada combinada, que además incluye dos casas-museo del siglo XIX.
Lo más impresionante es probablemente el anfiteatro romano, localizado justo frente al Mediterráneo, fue la sede de los combates de gladiadores, así como el lugar donde los cristianos eran martirizados cuando su religión se perseguía. Este uso fue el que permitió que el lugar se conservara hasta nuestros días pues, al ser el punto donde San Fructuoso murió quemado, fue considerado tierra santa durante el medievo y se le respetó como lugar de culto. Incluso levantaron una iglesia dentro del recinto cuyos restos aún se aprecian.

anfiteatro romano de Tarragona

Hoy es posible entrar al centro de la arena, y contemplar las gradas desde la perspectiva de los gladiadores que aquí pelearon. Aunque no haya hoy una multitud vitoreando a los peleadores, al caminar por el terreno es muy fácil sentir la adrenalina que la cercanía del público, y la necesidad de luchar por su vida provocaría en los participantes de cada combate. Es una visita esencial y que te recomiendo mucho.
El anfiteatro es sólo una de las imágenes con las que me quedo de Tarragona. Pero tendré que contarte del resto en otra ocasión. De momento te mando recuerdos y seguiremos en contacto.

Un palacio por un amor

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.

Publicado originalmente el 24 de mayo de 2014



Querida amiga:

Ya sabes que soy un romántico, y como me encantan las grandes historias de amor hoy tenía que escribirte sobre una de la que me acabo de enterar, un gran romance que ocurrió en Barcelona, y que dotó a la ciudad de un bello edificio cuyo origen es desconocido por los miles de paseantes que caminan frente a él.
El protagonista de esta historia es Enric Sagnier, nacido en Tarragona y graduado como arquitecto en 1882. Enric empezó su carrera como asistente de Francisco de Paula del Villar y más adelante diseñó la iglesia de Santa Engracia de Moncada, en un pueblo cercano a Barcelona. Mientras se ocupaba en estos trabajos, el joven, quien también era un talentoso violinista y pintor, conoció y se enamoró de Dolors Vidal Ribas i Torrent. La chica debió apreciar los muchos talentos de Sagnier pues su amor fue correspondido, por lo que decidieron casarse. Pero cuando el joven fue a pedir la mano de su amada a su padre, éste se la negó, diciéndole que no tendría a su hija hasta que fuera un arquitecto reconocido.
Los pocos trabajos de Sagnier no bastaban al señor Vidal, y el joven se dio cuenta de que para convencerle tendría que diseñar un edificio de la mayor importancia en Barcelona. Afortunadamente para él, y con motivo de la futura Exposición Universal de 1888, el barrio de La Ribera estaba pasando por una importante transformación.

Palacio de Justicia de Barcelona (Wikimedia Commons)

El arquitecto se inscribió en un concurso para diseñar la nueva sede de los juzgados y la audiencia de la ciudad, que estarían localizados a un lado del Arco del Triunfo, puerta de entrada a la exposición. Una vez que el juzgado deliberó, su proyecto fue elegido y el joven recibió la comisión de hacerse cargo del proyecto al lado de su compañero Josep Domènech. La construcción del edificio tomaría veinte años, pero en 1888 con su proyecto ganador Enric Sagnier pudo casarse con su amada Dolors.
El Palacio de Justicia de Barcelona combina la funcionalidad de la sede con la monumentalidad de la obra, y con una belleza escultórica obra de los mejores exponentes de este arte. Tiene además lienzos de grandes pintores catalanes en su interior, y aún si estos elementos artísticos estuvieran ausentes, su arquitectura de grandes cúpulas y hierro forjado llaman poderosamente la atención, convirtiéndolo en una digna vista del paseo que engalana. 
El talento mostrado por Sagnier en esta primera obra luego se confirmaría, pues a lo largo de su vida el arquitecto continuó trabajando en grandes obras tanto en Barcelona como en sus alrededores, entre las que destacan la Aduana de Barcelona, el Templo del Sagrado Corazón en el Tibidabo y las Torres de Arbide en San Sebastián. Pero no me cabe duda de que entre todas sus obras, el arquitecto siempre debió tener especial aprecio por este palacio, que no sólo es la sede de las instituciones judiciales de la ciudad, también fue la obra que le permitió consumar un gran amor. 

¿No te encantaría que alguien levantara un palacio por ti?

Te dejo con esta historia, amiga, pero volveré con otras que voy descubriendo mientras paseo por Europa. 

Hasta la próxima.