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martes, 10 de mayo de 2016

5 Monumentos a la madre que no sabías que existían

Publicado originalmente en Negocios 360  el 9 de mayo de 2016

Alrededor de todo el mundo se han dedicado espacios para honrar a mujeres que, en su papel de madres, han formado parte de historias o eventos en naciones y ciudades que les han merecido pasar a la historia. Cada uno de estos nos muestra que, no importa donde haya nacido, para toda persona el amor a una madre es uno de los más fuertes que hay.
Hoy Día de la Madre, damos la vuelta al mundo para conocer algunos de estos monumentos.


Monumento a la madre que llora en Gatton:
Monumento a la madre que llora en Gatton
 Nuestra primera parada es la lejana Australia, y en particular la pequeña ciudad de Gatton, cuyos 7,000 habitantes viven en un ambiente que mezcla el ambiente suburbano que les da su cercanía a Brisbane, con un pasado rural que aún sobrevive en varios aspectos.
En esta urbe, hay que dirigirse a la calle Hickey para toparse con un monumento de mármol de una mujer sollozando. La razón de su tristeza, son los 68 jóvenes del pueblo que murieron peleando durante la primera guerra mundial, a donde se alistaron como voluntarios, y que nunca volvieron a ver los lugares que los vieron crecer ni a las madres que los vieron partir.
La gran guerra tuvo un fuerte impacto en Australia, cuyos ciudadanos nunca habían participado en un conflicto tan sanguinario, y este es sólo uno de los varios ejemplos de monumentos que conmemoran el hecho, pero es de los pocos que se concentran en el dolor de la mamá que no volvió a ver a sus hijos.
Está catalogado como un monumento de valor patrimonial, y los nombres de gente de Gatton que ha muerto en conflictos posteriores se han ido añadiendo para acompañar a los 68 homenajeados originales.

Monumento a la Madre Jones en Illinois:

Monumento a la Madre Jones
Si en Australia el monumento muestra a las madres que perdieron a sus hijos en la guerra, en Estados Unidos existe otro memorial para una mujer que peleó a su lado por sus derechos. Para verlo hay que viajar a la comunidad de Mount Olive, que está en el interior del estado, a gran distancia de la cosmopolita Chicago.
El monumento se refiere a Mary Harris Jones, mujer que se hizo fuerte en la desgracia, pues después de perder a su marido y a sus cuatro hijos en una epidemia, y perder su negocio en un incendio, encontró un nuevo camino en la vida al convertirse en líder sindical y dedicarse a pelear por los derechos de los trabajadores mineros.
Tras su muerte fue enterrada en el cementerio de los mineros del pueblo, quienes la consideran una madre adoptiva y que aún repiten su frase “reza por los muertos y pelea con todo por los vivos”. En el camposanto, se levantó este monumento que destaca sobre todas las tumbas y que rinde homenaje a la madre Jones, que logró a inicios del siglo XX, lo que muy pocas mujeres alcanzaban en esa época.

Maman:

Maman, Guggenheim de Bilbao

Probablemente un arácnido gigante de acero sería lo último que uno imaginaría al pensar en una figura materna. Pero fue con una escultura de ese tipo como la artista franco-americana Louise Burgeois rindió homenaje a su madre, quien era tejedora de profesión. Para Burgeois, cuya carrera artística duró siete décadas, las arañas fueron uno de los elementos más importantes de su obra durante los años 90, época en la que se le encargó la construcción de esta escultura que destaca como uno de los monumentos más reconocidos del Guggenheim de Bilbao, cuyo patio principal, con vistas al resto de la capital vasca adorna.
La Maman de Bilbao, busca reflejar las contradicciones de la maternidad, al ser a la vez protectoras y depredadoras. Según la artista, la tela de las arañas sirve para construir capullos defensivos, pero también para atrapar, y en este sentido las patas de la araña sirven para protegerse del mundo, pero también como cárcel. Sea como sea este monumento a la madre va más allá de un homenaje a la figura familiar que hoy recordamos, y es un símbolo de la ciudad donde está.

Monumento a la madre en Karlovo:

Monumento a la Madre de Karlovo
Las madres son fundamentales para forjar el carácter de toda persona, y por ello son parte de la historia de los grandes héroes de cada país, así lo reconocen en Bulgaria, donde uno de sus personajes históricos más importantes, Vasil Levski, tiene una ruta turística en la ciudad de Karlovo, tierra que lo vio nacer.
Si bien la ruta no está del todo desarrollada, por lo cual se requiere un poco de improvisación para recorrerla, el punto lógico de inicio es la casa donde Vasil Levski nació, y que ha sido preservada y abierta como museo. En los patios de la casa, se encuentra el monumento a Gina Kuncheva, la madre de Levski, y quien con esta estatua recibe reconocimiento por haber criado a quien se convertiría en un luchador por la libertad en esta nación de Europa Oriental, hasta ser votado en 2007 como el Búlgaro más importante de todos los tiempos por sus conciudadanos.
Ya en Karlovo, y después de conocer a Levski y a su madre Gina, se puede pasear por la ciudad y disfrutar de su centro histórico, además de sus alrededores naturales.


Monumento a la madre de Guadalajara:

Monumento a la madre de Guadalajara
Puede que el primer y más conocido monumento a la madre en México esté en su capital. Pero el cariño que los mexicanos tienen por sus progenitoras ha hecho que a lo largo de todo el país existan homenajes similares. Uno de los más importantes ejemplos está en Guadalajara.
Alrededor de la estatua, inaugurada en 1956, se creó la plaza 10 de mayo, y el lugar está muy cerca de la avenida independencia, una de las más importantes de la urbe tapatía.

Rodeada de árboles, y frente a la fuente olímpica que se inauguró años después como homenaje a los juegos que organizó el país en 1968, la escultura de bronce nos muestra a una mujer de rasgos indígenas que cobija a un pequeño niño bajo su brazo izquierdo, mientras la madre ve hacia el cielo, el infante también voltea hacia arriba, pero clava su mirada en el rostro iluminado de su protectora, completando el homenaje de Guadalajara y Jalisco a las mamás del país.

miércoles, 10 de febrero de 2016

El pueblo que el diablo protege

Publicado originalmente en la revista Voy y Vengo en enero de 2016

















No hay día en España que no sea de fiesta. Tanto las grandes ciudades como los pueblos más pequeños tienen su santo patrón y el día marcado en el calendario litúrgico para recordarlo se convierte en motivo para unir a vecinos y visitantes alrededor de música, comida, danzas y eventos culturales. Es el caso de Castellbisbal, municipio ubicado en la provincia de Barcelona.
A 26 kilómetros de Barcelona, Castellbisbal celebra su fiesta el 22 de enero, día de San Vicente. A pesar de caer en pleno invierno, sus habitantes desafían el frío y la nieve para unirse en una celebración cuyos principales actos son dos tradiciones con especial apego en Cataluña: el baile de gigantes, enormes figuras de cartón-piedra portados por una persona que los hace girar, y la butifarrada, donde el embutido de origen catalán se reparte en un gran banquete.
Pero si la alegría y la convivencia de la fiesta son similares a la del resto del país, Castellbisbal tiene algo que lo distingue. Aquí, San Vicente comparte la labor protectora con el personaje aparentemente menos indicado para ello, Satanás. La leyenda detrás de esto está ligada al monumento más importante del lugar.
Un puente construido en una noche
Habitado desde la época romana, Castellbisbal siempre ha estado ligado a su pueblo vecino, Martorell, del cual está separado por el río Llobregat. Para llegar hoy a esta zona, la mejor opción es hacerlo por la Ruta S4 de ferrocarril, que hace parada en una estación compartida por ambas poblaciones.
Desde ahí es necesario un viaje extra en autobús para llegar a Castellbisbal, que contempla los trenes desde la cima de una colina. En cambio, para llegar a Martorell sólo hay que cruzar a pie el río por un puente que siempre ha sido enlace entre ambas localidades y cuya leyenda explica el agradecimiento del diablo con Castellbisbal.
Se cuenta que, tras una crecida del río, el puente romano original fue destruido y Martorell quedó aislado. Sabiendo de la desesperación de los vecinos, el diablo se presentó ante ellos prometiendo levantar uno nuevo en una sola noche. A cambio quería el alma del primer hombre que lo cruzara.
Animados por una anciana, los pobladores aceptaron, y al amanecer el puente estaba listo. Esperando al desafortunado con cuya alma se quedaría, el diablo vio a la anciana acercarse con un gato, al que azuzó para que cruzara, e indicó al diablo que podía quedarse con el alma del animal. De ese modo la gente quedó libre de usar el puente.
La obra que vemos hoy en día es, en su mayor parte, una reconstrucción de los años sesenta del siglo XX, pues el original fue víctima de la Guerra Civil. Pero fue restaurado respetando el modelo del puente gótico levantado en 1295 y que, si bien tardó años y no una sola noche en levantarse, nos muestra con su pronunciada pendiente que fue planeado para evitar cualquier otra posible crecida del Llobregat.
Desde la cumbre del puente se nota el contraste de la tierra entre ambos municipios, pues en Castellbisbal es rojiza. La leyenda del diablo no termina con su derrota pues, burlado, fue perseguido por los vecinos de Martorell y se refugió en el pueblo vecino, donde, para su sorpresa, fue bien recibido.
En agradecimiento, el diablo pintó el suelo de rojo. Gracias a eso podía reconocer a sus pobladores en cualquier lugar por el color del barro que se adhería a sus botas y protegerlos a dondequiera que fueran, como lo protegieron a él.
Un viaje a la vida rural
Si el color de la tierra era tan importante cuando se generó esta leyenda es porque durante muchos siglos Castellbisbal fue un municipio agrícola. Tras una jornada de trabajo, todos volvían al campo con cazcarria en sus pantalones; de ahí que el lodo fuese un modo de identificar a alguien del pueblo.


Vista de Castellbisbal
Sin embargo, la vida rural acabó en gran medida durante el franquismo. Siendo un lugar cercano a Barcelona, Castellbisbal fue elegido por el desarrollismo para ser un polo industrial y sus habitantes pasaron de cultivar la tierra a laborar en los recién construidos polígonos industriales.
La cultura asociada con la vida en el campo estuvo a punto de desaparecer hasta que en 1985 se abrió el Museo Histórico de la Pagesia. A partir de diversos artículos en desuso donados por los habitantes del pueblo, el museo empezó a rescatar testimonios de cómo era la vida de campo y se convirtió en un punto indispensable para visitar.
Los instrumentos de labranza, el transporte, los mercados y la naturaleza son elementos de la exposición, que culmina con la vida de las personas. Ahí, las relaciones familiares, los juegos, las fiestas y las creencias son reconstruidos junto con los espacios donde se desarrollaban.
El museo, además, cuenta con exposiciones temporales enfocadas en el arte y la fotografía. Asimismo, anualmente realiza una muestra de oficios tradicionales, mediante la cual se conoce de primera mano el trabajo de canteros, carpinteros, tejedores y de otros oficiales cada vez menos comunes debido al advenimiento de la tecnología.
Una colección peculiar
Del mismo modo, un vecino, Joan Bosch, por su cuenta empezó a comprar tractores descompuestos para entretenerse reparándolos. Sin darse cuenta, su pasatiempo lo orilló a buscar más y más maquinas, primero en el interior del país y luego en otros lugares del mundo, hasta que formó la colección de tractores más grande de España.
Bosch no pensó que el asunto tuviera interés para nadie más que él, por lo que se sorprendió cuando en un viaje por Francia descubrió que en varios pueblos había museos dedicados al tema, lo cual lo animó a exhibir su colección en el que se convirtió en el primer Museo del Tractor de su país.
Las máquinas que ha logrado comprar provienen de rincones tan lejanos como Argentina y Australia, y abarcan un periodo de casi 70 años. El tractor más viejo que tiene es de 1898. Un armatoste de cinco toneladas, el más nuevo de todos, es de 1965.
La pasión de Bosch es contagiosa, y el museo, que sacó adelante sin ningún apoyo, representa un modo de descubrir lo complejo y variado de algo que en apariencia es muy simple.
Ermita de San Vicente en Castellbisbal
La visita empezó con San Vicente y termina con él. Además de la iglesia mayor, frente a la cual se lleva a cabo la fiesta, el santo tiene dedicada una pequeña ermita medieval. Ésta es lo único que queda del antiguo castillo y se localiza en el punto más alto del territorio. Desde ahí se tienen las mejores estampas para despedirse de Castellbisbal con una digna fotografía.
Un pequeño sendero conduce, camino abajo, hasta los trenes, y seguirlo garantiza que el barro ensuciará nuestro calzado. De ese modo tal vez el diablo nos ofrezca su protección tras haber pasado la jornada en su pueblo predilecto.

martes, 28 de julio de 2015

Barcelona: un paseo modernista

Artículo sobre un recorrido por la Barcelona modernista Publicado originalmente en Viajero Ejecutivo número 26. Julio de 2015.

Barcelona Modernista por Francisco Fontano

Barcelona Modernista por Francisco Fontano

Barcelona Modernista por Francisco Fontano


lunes, 15 de junio de 2015

Sabores del Eixample

Miniguía de viaje gastronómica por el Eixample en Barcelona.

Escrita en colaboración con María José Marroquín, Gretel Pérez y Adrià Valero

Publicado originalmente en tuaventura.org el 2 de junio de 2015


Las ciudades son organismos en permanente evolución, entes con vida propia cuya metamorfosis enmarca las diversas identidades urbanas y la relación de la ciudad con sus habitantes. De igual forma, uno de los mayores atractivos de cualquier ciudad yace en la conexión que logre establecer a nivel individual y la oferta experiencia. Barcelona es una ciudad vibrante, donde la posibilidad de elección no conoce barreras, donde cada público puede encontrar un nicho y los espacios de exploración son infinitos. Más allá de su geografía y clima privilegiados, del arte, cultura y arquitectura que ha visto florecer o de la efervescente vida de sus barrios emblemáticos, Barcelona es escenario de una riqueza cultural invaluable en la que la diversidad es protagonista. Los hilos de la historia han conspirado para posicionar a Barcelona como una ciudad altamente atractiva para la inmigración y flujo incesante de personas. Se trata sin lugar a dudas de una de ciudad cosmopolita en todo el sentido de la palabra, en la que convergen individuos y grupos humanos de todos y cada uno de los rincones del planeta dejando mella en la cara e identidad de la ciudad. La siguiente guía se ha planteado como un recurso de exploración de esa Barcelona multicultural a través de uno de los elementos culturales más ricos y distintivos: la gastronomía. A través de un viaje culinario y de diferentes productos gastronómicos intentaremos dar testimonio de esa multiculturalidad invitando a los lectores a conocer una Barcelona en la que es posible probar y conocer el mundo sin salir del fascinante espacio de la capital catalana.

 Andino Restaurant
Alta cocina peruana

Cuando Juan Carlos Palomino llegó hace catorce años a Barcelona desde su natal Huancayo en Perú, notó que a pesar del importante número de peruanos radicados en la ciudad, eran muy pocos los espacios donde se podía disfrutar de una verdadera gastronomía del país andino. Así, lo que suponía ser una visita a su hermana terminó convirtiéndose en un proyecto de vida que ha visto evolucionar y prosperar hasta convertirse en uno de los restaurantes peruanos más reputados de la zona de Sagrada Familia.
Por muchos años Andino se dedicó exclusivamente a servir el típico pollo asado del Perú que solía ser difícil de encontrar en Barcelona, pero desde hace un par de años ha ampliado su carta convirtiéndola en un verdadero deleite para los sentidos. Desde su famoso ají de gallina, pasando por maravillosos y copiosos ceviches y tiraditos hasta anticuchos o un clásico lomo saltado, hay opción de más para satisfacer cualquier paladar. Las bebidas y postres también tienen su protagonismo y nunca sobra alguien que se acerque para disfrutar de un buen Pisco Sour, una chica morada o una atemporal Inca Kola: “la bebida del Perú”.

Pero para Juan Carlos, lo verdaderamente importante y su mayor ganancia a través de los años ha sido poder mostrarle a la clientela no peruana (que es bastante numerosa) su cultura y la riqueza de la misma a través de la gastronomía. Por eso es muy cuidadoso con los ingredientes que escoge para no ser tomado como imitación, pues entiende que Barcelona es una plataforma hacia el mundo. Comprende que para muchas de las personas que atienda ajenas a su cultura, ya sean españoles o turistas de innumerables nacionalidades, su cocina representa una ventana hacia su tierra natal,  una oportunidad como pocas de viajar a través de los sentidos sembrando curiosidad y una imagen positiva del país que hace tantos años dejó.
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Paprika Gourmet
Gastrocultura Húngara
Cuando se da una pareja entre un español y una húngara amantes de la gastronomía, algo bueno tiene que surgir. Y en este caso surgió, para el privilegio de Barcelona, Paprika Gourmet. Un bistró pensado para ir más allá de la simple gastronomía y acercarse al concepto de gastrocultura que aquí con tanto encanto cobra vida.

La paprika es a Hungría lo que la Sagrada Familia a Barcelona”

Daniel Moreno y Veronika Fazekias, sus proprietarios, afirman que detrás de Paprika está la idea de llenar un vacío existente en el mercado que acerque al español con la gastrocultura centro europea permitiéndole acceder a productos únicos. A pesar de que el plato húngaro más reconocido al nivel mundial sea el goulash, en Paprika el producto estrella es el pastrami, maravilloso jamón de ternera sazonado con especias. De origen judío centroeuropeo y muy popular en Estado Unidos, el pastrami ha sabido traspasar tiempo, historia y fronteras para llegar hasta Barcelona. Y para acompañar un bocadillo de pastrami con mostaza y horseradish ¿qué mejor que una buena choucroute, pepinos curados y un vino húngaro?
Este lugar es acogedor, su decoración y ambiente invitan a explorar y preguntar con calma acerca de los productos que llenan las estanterías, a pasar el tiempo inmerso en una cultura diferente.

La Taquería
Gastronomía tradicional mexicana

Desde que vivía en la ciudad de México, Héctor Tlaseca siempre quiso tener una taquería. Esa idea quedó olvidada mucho tiempo, pero cuando este chilango vino a vivir a Barcelona y padeció la poca calidad de los restaurantes denominados como mexicanos, tomó la decisión de retomar su proyecto y arriesgarse con un negocio que ofreciera auténtica comida mexicana callejera a sus clientes.
Junto a otros dos socios se puso manos a la obra y el 12 de junio de 2012 abrieron La Taquería en un pequeño local junto a la Sagrada Familia. El objetivo de ofrecer una auténtica gastronomía mexicana se cumplió y el testimonio de ello es que el 80% de su clientela son mexicanos residentes en la ciudad condal.

La Taquería no sólo ofrece comida, sino que su ambiente es también auténticamente mexicano. La música es de diferentes estilos, pero siempre de ese país; los platos, saleros, mesas y utensilios son los mismos que se encontrarían en cualquier pequeña fonda mexicana; la carta está llena de expresiones y humor que dan un ambiente informal, y que, con frases como “para comer chingón”, “pásele güero”, “chescos” o “sooopas wey”, que todo mexicano reconoce como propias, se logra que todo comensal se pueda sentir en México por un momento.


La carta está llena de platillos como los tacos, las quesadillas y el guacamole, hechos con ingredientes traídos de México o conseguidos en España. Pero la posibilidad de probar diferentes platos existe cada semana, pues los sábados se prepara un platillo especial elegido por los clientes del local vía Facebook. La experiencia también puede llevarse a casa, pues el éxito del lugar llevó a que justo frente a él se abriera una tienda, donde puedes comprar los ingredientes y hacerte tus propios tacos en casa.



Xix Kebab
Alta cocina siria
Iskandar vivía en Alepo, Siria. De joven, las cosas le iban bien a su familia, cosa que le permitió venir a Barcelona en 1972 para continuar con sus estudios. Él estudiaba medicina y la ciudad condal era una buena oportunidad de hacer carrera. En su familia, haciendo honor a la fama siria, son buenos negociantes así que Iskandar decidió abrir un negocio para poder pagar sus gastos en Barcelona. Así surgió un bar de zumos de frutas que regentó con mucha ilusión.

Aun así, él siempre quiso abrir un restaurante, sobretodo de  la gastronomía de su país, Siria. Esto se hizo realidad después de conocer a Montse, la que ahora es su mujer. En 1984 entre los dos abrieron el Xix Kebab, un restaurante de comida siria tradicional en pleno Eixample de Barcelona, justo al lado del Hospital Clínic.

El Xix Kebab es un restaurante de plato y cubierto, nada que ver con el fast food”

En aquel momento el Eixample no era una zona tan turística como ahora, pues los turistas se concentraban en el Gòtic y los entornos de la Plaça Catalunya. Aun así, la fama del distrito se fue extendiendo como lugar de referencia gastronómica y son muchos los barceloneses que acuden a restaurantes como el Xix Kebab a probar comidas de otros lugares del mundo. Así pues, el Xix Kebab está muy frecuentado por los propios barceloneses desde su apertura, dato que demuestra la gran integración en Barcelona de los hosteleros extranjeros como Iskandar.
El Xix Kebab, que debe su nombre a Sish (pincho) y Kebab (carne cocinada con yogur), sirve platos de comida típica siria de alta cocina elaborados tradicionalmente. Aunque su nombre lo recuerde no tiene nada que ver con los kebab de comida rápida que se han popularizado últimamente.
Sus platos estrella son entrantes fríos basados en garbanzos y otras legumbres como el hummus, el muhammara y el mutabbal. También son muy recomendables los tes artesanales elaborados por ellos mismos y las carnes kebab cocinadas con yogur.

El local del Xix Kebab tampoco tiene nada que envidiar a ningún otro restaurante. La decoración es completamente originaria de Siria y te hace sentirte, sin duda, en el Oriente Medio. La mantelería típica está perfectamente cuidada y las lámparas parecen dignas de la antigua Persia. Unas  pipas de agua (shishas) originalmente expuestas, que pueden ofrecer para su uso en la terraza, completan la estética del restaurante.

Adaptándose a las demandas actuales, el Xix Kebab también ofrece menús y hasta hace poco hacían actuaciones en directo de música siria y danza del vientre. Esto último, no lo han podido mantener por la decreciente demanda, pero esperan poder retomarlo muy pronto.


Bombay City
Cocina Hindú
Bombay city, así como lo indica su nombre, es un restaurante especializado en comida de la India. Los cocineros se encargan de traer el auténtico sabor hindú a Barcelona a través de sus platos e ingredientes utilizados en la más exquisita comida. Con apenas dos meses de vida, el Bombay City ya cuenta con un gran flujo de clientes.

Su chef y también propietario Gupi, comenta que en todas sus comidas se utilizan las mejores hierbas y especias para asegurar la calidad y el sabor en sus platos. Es él mismo la persona encargada de recibir a los clientes y atenderlos de la mejor manera posible, para que todo el mundo quede satisfecho. Gupi es natural de la India, país que dejó hace algunos años para llegar a Barcelona y centrarse en la planificación y construcción del restaurante.
El menú se divide en varias secciones: Bombay, Taj Majal, Tadka y Lal Quila. En esta amplia carta se pueden encontrar desde el pan hindú, algunas variedades de arroces, platos basados en pollo y cordero, pescado, verduras y tandoori. Tampoco faltan postres típicos y batidos conocidos como lassi. El Bombay City cuenta con un ambiente acogedor y sencillo para disfrutar de la comida típica de la India.


Pitachok

Tienda Rusa

 Atravesar el umbral de Pitachok es lo más parecido a una experiencia de teletransportación. A quien se aventure en esta pequeña pero abundante tienda, dejará Barcelona por un momento para adentrarse en un universo ruso por excelencia.
Cualquier referente en castellano se deja en la entrada para dar paso al alfabeto cirílico y a lenguas varias que van desde el ruso o ucraniano hasta el estonio ya que como explica Irina Tirskaya, su propietaria, Rusia fue alguna vez muchas Rusias. De esta idea se desprende la filosofía de Pitachok, una espacio que pretende brindar productos que se conseguirían en cualquier tienda en Rusia más que simplemente productos “tradicionales” rusos. Lo legados culturales de las naciones que alguna vez compusieron la Unión Soviética aún siguen latentes en la cotidianidad rusa y por eso tanto allí como en Pitachok se puede adquirir desde una cerveza Lituana hasta un clásico kumis de Kazajstán.
Irina, llegó a España hace unos años pues su marido es de origen español con la idea de encontrar trabajo pero viendo que esta labor no dio frutos se decidió a abrir Pitachock quien cuenta hoy con clientela fija tanto de origen ruso como español. Irina comenta que a su tienda llegan muchos curiosos que se fían únicamente  del vodka y el caviar, pero una vez que ella se toma el tiempo de explicar sus diversos productos se animan a probar cosas nuevas y vuelven gustosos. Este espacio que debe su nombre a la versión rusa de Winnie the Pooh y donde matrioskas y otros detalles rusos reciben al visitante es una prueba más de que la multiculturalidad en Barcelona no tiene límite.


sábado, 16 de mayo de 2015

Una dosis de cultura cosmopolita

Artículo sobre viaje a Sitges, España publicado originalmente en julio de 2014 en Viajero Ejecutivo.

Parte del artículo salió más adelante en mi proyecto, Viajeros en Ruta

Artículo de viaje a Sitges por Francisco Fontano

Artículo de viaje a Sitges por Francisco Fontano

Artículo de viaje a Sitges por Francisco Fontano

Artículo de viaje a Sitges por Francisco Fontano