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viernes, 20 de enero de 2017

Cinco lugares para descubrir otra Barcelona

Publicado originalmente en Voy & Vengo en septiembre de 2016

Más tarde publicado en Viajeros en Ruta en junio de 2019




Barcelona se encuentra entre las cinco ciudades más visitadas de Europa y del mundo entero. Aunque sus circuitos turísticos ya están muy establecidos, hay cientos de cosas que se pueden hacer en su seno, más allá de visitar Las Ramblas, el Barrio Gótico, Montjuic, La Sagrada Familia y las playas. ¿Quieres conocer una Barcelona menos vista por las multitudes? Aquí te la presentamos.


Parc del Laberint Barcelona


  1. Parc del Laberint
Para conocer este lugar hay que viajar al barrio de Horta-Guinardó, al norte de la ciudad. Aunque es mucho menos conocido que el Parc Güell, se trata de uno de los jardines más antiguos de Barcelona, pues se construyó en el siglo XVIII. Cuando surgió, estaba lejos de la ciudad y era parte de las propiedades de una de las familias barcelonesas más ricas, los Desvalls, que diseñaron un área verde de estilo neoclásico para recrearse.
El jardín neoclásico fue creado a partir del tema del amor. Se divide en tres terrazas, en una de las cuales se encuentra el laberinto de plantas que da nombre al parque y que representa su principal atracción. En el centro del lugar, por el que todos pasan para encontrar la salida, se encuentra una estatua de Eros. La tercera terraza tiene el otro elemento que distingue al sitio: un pabellón dedicado a las musas griegas, con un manantial natural que fue aprovechado para hacer una cascada. En el siglo XIX el jardín se extendió con un nuevo espacio de estilo romántico, cuyo tema original era la muerte, aunque la mayor parte de estas esculturas desaparecieron y hoy en esencia es un espacio lleno de lechos de flores.
El parque terminó por ser parte de la ciudad conforme ésta se expandió. La familia Desvalls lo donó, de modo que desde 1971 se abrió al público. Con el fin de preservarlo sólo se permite el ingreso de 750 personas al día, pero como aún es un lugar secreto, con toda seguridad encontrarás boletos para visitarlo.



  1. Tibidabo
Se trata nada más y nada menos que del punto más alto de Barcelona y, por ende, de uno de los mejores lugares para obtener vistas panorámicas de la ciudad. Además de su elevación a 512 metros de altura, su localización en la sierra de Collserola, al norte de la urbe, permite ver desde su cima no sólo el paisaje sino tener como fondo la otra señal de identidad de Barna: el Mediterráneo.
Pero ser un excelente mirador apenas es el primer detalle que caracteriza al Tibidabo, pues en su cima está lleno de atracciones. Dos de ellas destacan sobre las demás.
Primero, el Templo del Sagrado Corazón, una iglesia que tardó 49 años en construirse, hasta su apertura en 1961, diseñada por el reconocido Enric Sagnier. Su interior es de especial interés para los mexicanos, pues en su nave principal hay vidrieras con advocaciones marianas de toda América, las cuales incluyen a la Virgen de Guadalupe. Adentro del templo es posible tomar un elevador y encontrarse en la punta del templo, por lo que puede decirse que uno ha llegado al techo de Barcelona.
El otro atractivo es un antiguo parque de diversiones, el más antiguo de toda España, que aún mantiene varias atracciones históricas, así como otras más modernas, lo cual le concede una gran variedad que va de la nostalgia a la modernidad. Otro aspecto curioso de este parque es que, por su situación en la cima del monte, está construido en diferentes niveles, donde se encuentran desde un museo de autómatas y otro de Lego, hasta un carrusel y unos carros chocones.
Hay diversas formas de llegar a la cima del Tibidabo: en autobús y en funicular, pero tal vez la más atractiva sea a pie. Aunque es un camino que puede ser cansado, permite conocer a los otros habitantes de la sierra, jabalíes que, tras ser casi extinguidos de la zona, fueron reintroducidos y hoy pueden vivir en los lugares que siempre fueron suyos.

  1. San Adrián de Besós
Cosmopolita, cultural, histórica, monumental y modernista. Hay muchos apelativos con los que se podría describir a Barcelona, pero uno de los que menos se pensarían para calificarla sería: industrial. Sin embargo, la ciudad condal tiene un importante pasado como lugar industrioso. Y aunque poco de este carácter se puede ver en las áreas turísticas, los curiosos pueden descubrir esta faceta viajando a San Adrián de Besós, un municipio conurbado totalmente integrado con la ciudad.
Aunque tiene más de 1,000 años de historia, casi nada queda del San Adrián histórico. El lugar, como hoy lo conocemos, se desarrolló en el siglo XX, cuando fue elegido como espacio donde se asentarían varias plantas termales que debían proporcionar energía a Barcelona, lo cual atrajo pobladores de toda España y permitió el desarrollo y el crecimiento del otrora pueblo, que se urbanizó.
Como resultado de ese pasado industrial, permanece lo que hoy constituye el símbolo de la ciudad: las tres chimeneas y una fábrica abandonada cuya silueta adorna el horizonte del municipio. En la actualidad la estructura se encuentra en un predio en desuso y se discute la posibilidad de derrumbarla, pero un movimiento ciudadano cada vez más importante pugna por conservarla como símbolo histórico de la zona.
La otra consecuencia de la actividad industrial fue la migración de trabajadores de toda España que dieron nueva vida al pueblo. En su honor, San Adrián de Besós es sede del Museo Histórico de la Inmigración, que da cuenta del flujo de personas que llegaron a Barcelona y permite conocer los trenes en los que miles de migrantes viajaron de sus pueblos a la ciudad.




  1. Los templos romanos
Antes de ser Barcelona, la ciudad condal se llamó Barcino y fue una urbe romana que creció a partir de una colonia cuyo objetivo era controlar el estratégico paso por el río Llobregat.
Barcino nunca igualó en poder a la cercana Tarracó (la actual Tarragona), pero sí alcanzó suficiente importancia para ser considerada una de las principales ciudades romanas en la Península Ibérica. Aunque con el paso del tiempo fue desapareciendo bajo la ciudad medieval y moderna, caminando por su centro surgen, aquí y allá, diferentes vestigios que nos remiten a los primeros años de historia de la ciudad.
Todos los sitios con vestigios romanos de Barcelona y sus alrededores están agrupados bajo el cuidado del Museo de Historia de Barcelona, que los conserva y los abre al público. La entrada a todos ellos es gratuita y se pueden conocer tanto de pisa y corre como más a fondo, en espacios que respetan el estado del sitio arqueológico tal como se encontró.
Entre los lugares más representativos de esta zona se encuentran: el templo de Augusto, el recinto religioso más importante de la ciudad; la vía sepulcral, cementerio de las clases populares que quedó olvidado bajo tierra, y el domo de San Honorato, casa romana reutilizada como almacén durante la Edad Media.
Además, el Museo de Historia de Barcelona se ocupa de la conservación de diversos espacios históricos, como los refugios antiaéreos de la Guerra Civil y el monasterio de Pedralbes.



  1. Museo de la Mariguana
El debate sobre si la mariguana debe legalizarse también es un tema actual en España y foco de este modesto museo localizado en el Barrio Gótico. A pesar de su cercanía con Las Ramblas, siempre llenas de gente, es poco visitado, quizá porque es uno de los atractivos más nuevos de la ciudad, pues fue inaugurado apenas en 2012.
El museo es una filial del original, que se encuentra en Ámsterdam, ciudad que se caracteriza por su tolerancia hacia las drogas blandas. Fue traído a Barcelona por Ben Dronkers, fundador del concepto original, con el apoyo de algunos empresarios catalanes.
Un antiguo palacio barcelonés, el Palau Mornau, fue adaptado para alojar el Museo de la Mariguana, cuyo objetivo es abordar todos los aspectos de la cannabis alrededor del mundo, desde su uso recreativo y medicinal, hasta la historia de la planta del cáñamo, de la cual procede la mariguana y cuyas fibras tienen usos muy diversos. Aquí se exhibe una colección de pipas, la historia de la prohibición de la mariguana y un instructivo sobre cómo fabricar un cigarro para fumarla.

miércoles, 10 de febrero de 2016

El pueblo que el diablo protege

Publicado originalmente en la revista Voy y Vengo en enero de 2016

















No hay día en España que no sea de fiesta. Tanto las grandes ciudades como los pueblos más pequeños tienen su santo patrón y el día marcado en el calendario litúrgico para recordarlo se convierte en motivo para unir a vecinos y visitantes alrededor de música, comida, danzas y eventos culturales. Es el caso de Castellbisbal, municipio ubicado en la provincia de Barcelona.
A 26 kilómetros de Barcelona, Castellbisbal celebra su fiesta el 22 de enero, día de San Vicente. A pesar de caer en pleno invierno, sus habitantes desafían el frío y la nieve para unirse en una celebración cuyos principales actos son dos tradiciones con especial apego en Cataluña: el baile de gigantes, enormes figuras de cartón-piedra portados por una persona que los hace girar, y la butifarrada, donde el embutido de origen catalán se reparte en un gran banquete.
Pero si la alegría y la convivencia de la fiesta son similares a la del resto del país, Castellbisbal tiene algo que lo distingue. Aquí, San Vicente comparte la labor protectora con el personaje aparentemente menos indicado para ello, Satanás. La leyenda detrás de esto está ligada al monumento más importante del lugar.
Un puente construido en una noche
Habitado desde la época romana, Castellbisbal siempre ha estado ligado a su pueblo vecino, Martorell, del cual está separado por el río Llobregat. Para llegar hoy a esta zona, la mejor opción es hacerlo por la Ruta S4 de ferrocarril, que hace parada en una estación compartida por ambas poblaciones.
Desde ahí es necesario un viaje extra en autobús para llegar a Castellbisbal, que contempla los trenes desde la cima de una colina. En cambio, para llegar a Martorell sólo hay que cruzar a pie el río por un puente que siempre ha sido enlace entre ambas localidades y cuya leyenda explica el agradecimiento del diablo con Castellbisbal.
Se cuenta que, tras una crecida del río, el puente romano original fue destruido y Martorell quedó aislado. Sabiendo de la desesperación de los vecinos, el diablo se presentó ante ellos prometiendo levantar uno nuevo en una sola noche. A cambio quería el alma del primer hombre que lo cruzara.
Animados por una anciana, los pobladores aceptaron, y al amanecer el puente estaba listo. Esperando al desafortunado con cuya alma se quedaría, el diablo vio a la anciana acercarse con un gato, al que azuzó para que cruzara, e indicó al diablo que podía quedarse con el alma del animal. De ese modo la gente quedó libre de usar el puente.
La obra que vemos hoy en día es, en su mayor parte, una reconstrucción de los años sesenta del siglo XX, pues el original fue víctima de la Guerra Civil. Pero fue restaurado respetando el modelo del puente gótico levantado en 1295 y que, si bien tardó años y no una sola noche en levantarse, nos muestra con su pronunciada pendiente que fue planeado para evitar cualquier otra posible crecida del Llobregat.
Desde la cumbre del puente se nota el contraste de la tierra entre ambos municipios, pues en Castellbisbal es rojiza. La leyenda del diablo no termina con su derrota pues, burlado, fue perseguido por los vecinos de Martorell y se refugió en el pueblo vecino, donde, para su sorpresa, fue bien recibido.
En agradecimiento, el diablo pintó el suelo de rojo. Gracias a eso podía reconocer a sus pobladores en cualquier lugar por el color del barro que se adhería a sus botas y protegerlos a dondequiera que fueran, como lo protegieron a él.
Un viaje a la vida rural
Si el color de la tierra era tan importante cuando se generó esta leyenda es porque durante muchos siglos Castellbisbal fue un municipio agrícola. Tras una jornada de trabajo, todos volvían al campo con cazcarria en sus pantalones; de ahí que el lodo fuese un modo de identificar a alguien del pueblo.


Vista de Castellbisbal
Sin embargo, la vida rural acabó en gran medida durante el franquismo. Siendo un lugar cercano a Barcelona, Castellbisbal fue elegido por el desarrollismo para ser un polo industrial y sus habitantes pasaron de cultivar la tierra a laborar en los recién construidos polígonos industriales.
La cultura asociada con la vida en el campo estuvo a punto de desaparecer hasta que en 1985 se abrió el Museo Histórico de la Pagesia. A partir de diversos artículos en desuso donados por los habitantes del pueblo, el museo empezó a rescatar testimonios de cómo era la vida de campo y se convirtió en un punto indispensable para visitar.
Los instrumentos de labranza, el transporte, los mercados y la naturaleza son elementos de la exposición, que culmina con la vida de las personas. Ahí, las relaciones familiares, los juegos, las fiestas y las creencias son reconstruidos junto con los espacios donde se desarrollaban.
El museo, además, cuenta con exposiciones temporales enfocadas en el arte y la fotografía. Asimismo, anualmente realiza una muestra de oficios tradicionales, mediante la cual se conoce de primera mano el trabajo de canteros, carpinteros, tejedores y de otros oficiales cada vez menos comunes debido al advenimiento de la tecnología.
Una colección peculiar
Del mismo modo, un vecino, Joan Bosch, por su cuenta empezó a comprar tractores descompuestos para entretenerse reparándolos. Sin darse cuenta, su pasatiempo lo orilló a buscar más y más maquinas, primero en el interior del país y luego en otros lugares del mundo, hasta que formó la colección de tractores más grande de España.
Bosch no pensó que el asunto tuviera interés para nadie más que él, por lo que se sorprendió cuando en un viaje por Francia descubrió que en varios pueblos había museos dedicados al tema, lo cual lo animó a exhibir su colección en el que se convirtió en el primer Museo del Tractor de su país.
Las máquinas que ha logrado comprar provienen de rincones tan lejanos como Argentina y Australia, y abarcan un periodo de casi 70 años. El tractor más viejo que tiene es de 1898. Un armatoste de cinco toneladas, el más nuevo de todos, es de 1965.
La pasión de Bosch es contagiosa, y el museo, que sacó adelante sin ningún apoyo, representa un modo de descubrir lo complejo y variado de algo que en apariencia es muy simple.
Ermita de San Vicente en Castellbisbal
La visita empezó con San Vicente y termina con él. Además de la iglesia mayor, frente a la cual se lleva a cabo la fiesta, el santo tiene dedicada una pequeña ermita medieval. Ésta es lo único que queda del antiguo castillo y se localiza en el punto más alto del territorio. Desde ahí se tienen las mejores estampas para despedirse de Castellbisbal con una digna fotografía.
Un pequeño sendero conduce, camino abajo, hasta los trenes, y seguirlo garantiza que el barro ensuciará nuestro calzado. De ese modo tal vez el diablo nos ofrezca su protección tras haber pasado la jornada en su pueblo predilecto.

jueves, 21 de mayo de 2015

Oporto: sabor entre el río y el puerto

Artículo de viaje a Portugal con una ruta turística por el Río Duero, siguiendo los pasos de la producción del vino oporto.

Escrito en colaboración con Érika Leal Mejía, publicado originalmente en Revista RGB en septiembre de 2014.


Oporto

Artículo de viaje a Oporto

artículo de viaje a oporto
artículo de viaje a oporto

miércoles, 20 de mayo de 2015

Bérgamo: Torres y murallas medievales

Artículo de viaje a Bérgamo, Italia. Publicado originalmente en Viajero Ejecutivo en Abril de 2015.



Artículo de viaje a Bérgamo

Artículo de viaje a Bérgamo

Artículo de viaje a Bérgamo

Artículo de viaje a Bérgamo


lunes, 18 de mayo de 2015

La isla fortaleza

Artículo de viaje a Malta, publicado originalmente en Viajero Ejecutivo en Noviembre de 2014.

Artículo de viaje a Malta

Artículo de viaje a Malta 
Artículo de viaje a Malta

domingo, 17 de mayo de 2015

Malinalco, Un rostro amable del Edomex

Mi primer reportaje de viajes, la afortunada fue Malinalco, Estado de México

 Publicada originalmente en FWD Magazine en Mayo de 2012


Viaje a Malinalco

Viaje a Malinalco

miércoles, 29 de abril de 2015

Antiguo Colegio de San Ildefonso

Publicado originalmente el 18 de enero de 2015 en Expreso, Diario de Viajes


Entrevista a Cintya Zamora León, guía del Antiguo Colegio de San Ildefonso, México: Distrito Federal

En el centro de la ciudad de México se levanta el edificio del Antiguo Colegio de San Ildefonso. Construido durante la colonia por los jesuitas y uno de los más bellos ejemplos de arquitectura civil barroca en la ciudad.
Con el paso de los siglos el inmueble tuvo diversos usos, hasta que pasó a manos de la Universidad Nacional Autónoma de México, institución que, en 1992, lo destinó a ser un museo que se ha consagrado como uno de los más importantes de la ciudad, y que alberga un importante acervo arqueológico, histórico y artístico, principalmente mexicano.
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Cintya Zamora
En los patios del recinto encuentro a Cintya Zamora León, quien tras cursar la carrera de Historia ingresó como voluntaria al servicio de guías turísticos del museo. Ella nos platica tanto de su trabajo como de la institución donde lo ejerce.
¿Qué hace a San Ildefonso especial respecto a otros museos del país?
Su voluntariado, un programa que tiene veinte años y que permite que a todos los que, como yo, entramos aquí, se nos capacite para ser parte de este museo.
Además de esto el recinto tiene una arquitectura y unos murales que, más allá de las exposiciones, lo vuelven muy importante.
¿Cómo se inicia usted como guía turística?
Buscando trabajo llegué aquí y se me dijo que había ciertas especificaciones para poder dominar todos los temas del museo, en particular sus murales. Para lograr esto inicié una capacitación y en el entretiempo fui mediadora en salas, qué es cuando te colocan en una sala específica de las exposiciones temporales. Posteriormente hice mi examen y hoy soy parte de aquí.
¿El proceso es el mismo para cualquier candidato?
No, hay varios lugares y cada uno sigue un proceso. Te puedes especializar en eventos culturales, aspectos de talleres o mediador en salas.
Dado que el museo tiene en su mayoría exposiciones temporales ¿cómo se prepara para cada una de ellas?
En el caso de las exposiciones temporales suelen venir los responsables de la misma para capacitarnos, por ejemplo ahora tenemos una llamada ‘Muévete de Michael Andy’ y él vino en persona a capacitarnos, diciéndonos lo que quería transmitir. Además recibimos mucha información por escrito que cada persona va digiriendo a su ritmo. En el caso de una exposición de Darwin también se trajeron expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México que nos instruyeron sobre el tema.
¿Qué espera de usted la gente en su labor de guía?
La mayoría de los visitantes no tiene idea del museo, por lo que quieren que les cuente absolutamente todo, y entre ellos hay diversos grupos, desde los que me permiten soltarme y explicarles muy bien hasta los que ya vienen con un conocimiento previo e implican un reto pues buscan más información de lo que la mayor gente considera pertinente.
En su trato día a día con la gente, ¿cuál ha sido su peor y su mejor experiencia?
Realmente no he tenido experiencias difíciles, aunque en la exposición actual he tenido a muchas personas muy religiosas que por falta de información han pensado que van a ver cosas muy religiosas y se ha puesto muy pesado.
Mi mejor experiencia fue con un grupo de quince historiadoras, mi profesión, todas viejitas que a pesar de no venir a la visita guiada se quedaron conmigo durante las más de dos horas de recorrido, y fue muy bonito que al terminar, sabiendo que son historiadoras, me felicitaran por mi trabajo.
¿Cuál ha sido la exposición que más le ha gustado en su tiempo en el museo?
Definitivamente fue “Darwin: Apto para todas las especies” porque fue la primera con la que estuve en el museo, la primera que me acercó a la gente y la que me permitió conocer todo el proceso que se sigue en un museo para traer una exposición. Fue una experiencia que me enganchó a lo que hago.
Siendo que San Ildefonso es un edificio histórico, ¿cuál consideraría que es su lugar favorito?
Mi lugar favorito son los murales del patio norte, pintados por Clemente Orozco. ¿Por qué? Porque te cuentan toda la historia de la Revolución Mexicana a través de los ojos de uno de los mejores artistas mexicanos, fueron pintados entre 1922 y 1926.
¿En qué se distingue el servicio de guías de San Ildefonso respecto a otros museos?
Es un voluntariado de veinte años que es diferente porque te forma, te da una capacitación diferente y te da la oportunidad de desarrollarte a nivel profesional en otros museos a través de la constancia que se obtiene.
¿Cuántos visitantes extranjeros hay y en qué se diferencian de los mexicanos?
Pues yo creo que el visitante nacional trae menos conocimiento que el extranjero, el interés de los mexicanos en salir y conocer sus museos es bastante reciente, pero recientemente se están alineando ambos.
Aquí vienen muchísimos españoles y colombianos, además de visitantes de fuera de la ciudad. La mayoría son de habla hispana pues no hay un servicio de guías en otro idioma, aunque se puede solicitar a la coordinación si se requiere de uno, siendo el inglés el que mejor se maneja.
¿Por qué tendría que venir a San Ildefonso un visitante extranjero?
Tienen que venir porque implica mucho más que un museo, están las exposiciones que se dan pero también su arquitectura y su historia. San Ildefonso ha sido reconocido por otras instituciones como la National Gallery de Londres, así que aquí se abarcan muy bien los aspectos culturales de México.
Expreso. Ciudad de México. Francisco Fontano Patán.
sanildefonso
Museo de San Ildefonso

lunes, 27 de abril de 2015

Los rincones de Guanajuato

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.

Publicado originalmente el 23 de septiembre de 2014


Amiga:

Ya que el otro día me comentaste cómo el escuchar de Chalma te despertó la curiosidad por lo mucho que México tiene que ofrecer más allá de sus playas, hoy te escribo para platicarte de otro de sus rincones, y uno de mis lugares favoritos, la ciudad de Guanajuato.

¿Por qué es un lugar que me encanta? Porque ha sido fundamental para el pasado de mi país, caminando por sus calles no sólo te quedarás con un hermoso paseo lleno de estampas de plazas, parques y pintorescos callejones, sino que en pocas cuadras conocerás mucho sobre la historia de México.
Basílica de Nuestra Señora, Guanajuato
La ciudad, capital del estado homónimo, fue fundada en 1548. Se encuentra en una zona desértica, pero rica en minerales y, mientras se expandían al norte del territorio, los españoles descubrieron su abundancia en plata. Buscando explotar este metal precioso, fundaron muchos lugares que hoy presumen su arquitectura colonial por el llamado Bajío.
De esta época datan los más icónicos edificios de la ciudad. Te recomiendo el templo de la compañía, que tiene la fachada con más riqueza artística entre las iglesias de la ciudad; la Universidad de Guanajuato, que hasta la fecha tiene un uso académico, y la Basílica de Nuestra Señora, que domina una de las más bellas plazas de un lugar que no carece de ellas.


Gracias a la minería, Guanajuato fue una de las ciudades más importantes de la época colonial, y también fue protagonista de la guerra de independencia de México. En sus calles se peleó la primera gran batalla entre insurgentes y españoles, misma que culminó con un sitio y una matanza en la alhóndiga de granaditas, antiguo almacén de granos que hoy es un interesante museo.
Guanajuato tuvo su segundo momento de gloria a finales del siglo XIX, la ciudad fue embellecida con obras como el Teatro Juárez y el mercado. Pero lo más digno de alabar no es toda la riqueza arquitectónica de la ciudad, sino su capacidad de conservarla, eso mismo le valió ser reconocida como Patrimonio de la Humanidad, y la gestión de este patrimonio es un ejemplo para el resto de México, que no siempre es exitoso a la hora de cuidar las huellas de su pasado.

Panorámica de Guanajuato

Ya en el siglo XX, Guanajuato se ha convertido en una capital cultural, y te interesará saber que ha abrazado su origen hispano. Tanto así que cada año celebran el Festival Internacional Cervantino, nombrado en honor al creador del Quijote y donde cada año puedes apreciar una enorme variedad de teatro, música, danza y exposiciones de todo el mundo.
Podría seguirte hablando largo tiempo de Guanajuato, una de nuestras ciudades más interesantes, pero se acaba el espacio. No queda sino recomendarte que la visites y la descubras tú misma.

Un saludo.

viernes, 24 de abril de 2015

Monasterio de Sant Cugat

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.

Publicado originalmente el 3 de julio de 2014


Querido amigo:

Vivir fuera de Barcelona me ha permitido conocer una mayor variedad de lugares de los que ven muchos visitantes, y así he logrado aprovechar mi estancia en Cataluña al máximo. Por supuesto, la capital de la provincia ejerce un magnetismo irresistible, y cada semana tomo el tren para disfrutarla al menos un día. Pero esos viajes en tren me han llevado a pasar por otras muchas ciudades y finalmente la curiosidad me ha llevado a visitarlas. ¿Alguna vez has escuchado de Rubí, Terrassa, Castellar o Palau Solità? Pues todos ellos son lugares cercanos a la Ciudad Condal, con algo que ofrecer e ignorados por los millones de personas que eligen Barcelona. Recorriéndolos, he conocido mucho más de Cataluña, y he cumplido el sueño de todo viajero de llegar a donde pocos lo hacen.
Hoy te escribo para contarte de uno de esos lugares, Sant Cugat del Vallès.

Atrio del monasterio de Sant Cugat

Sant Cugat queda a medio camino entre Barcelona y mi universidad, y aunque pocos extranjeros reparen en él, es uno de los puntos más importantes de la región del Vallès Occidental. En su centro tiene el antiguo monasterio de Sant Cugat, una abadía benedictina en excelente estado de conservación y que hoy aloja un interesante museo.
Al visitar el lugar, aprendí en primer lugar que el Cugat catalán se traduce como Cucufate en español, y es el mismo a quien la tradición en México acude para encontrar objetos perdidos, pero más allá de esta curiosidad, resulta que el lugar fue tan importante que durante la Edad Media fue el monasterio más poderoso del condado de Barcelona, y se convirtió en un auténtico centro de poder al que decenas de templos cercanos le estaban subordinados. Fue así fundamental para el desarrollo de la región.

Basílica de Sant Cugat

El museo de Sant Cugat, alojado en el monasterio, tiene una calidad que uno no espera encontrar más que en las grandes ciudades. En poco espacio no sólo disfruté del bien restaurado atrio, sino que aprendí de la historia de los monjes benedictinos tanto en España como Europa; conocí la evolución arquitectónica del lugar, que sigue el patrón de la orden en toda Europa; me adentré en lo que era la vida diaria de los religiosos y vi como el monasterio se desarrolló en todas sus etapas, desde su crecimiento y apogeo hasta su decadencia y abandono.
La exposición tiene cosas muy interesantes para los aficionados a la historia como yo, por ejemplo un audiovisual permite conocer todos los detalles de la regla benedictina que cada día seguían los religiosos. Y se ha hecho un excelente trabajo de rescate documental, con lo cual hoy podemos escuchar nuevas grabaciones de los antiguos cantos gregorianos, cuya letra podemos además seguir en una pantalla, por si te animas a practicar tu latín y cantar al ritmo de la música.
No puedes, además, dejar de visitar el templo anexo, que hoy mantiene su uso religioso. Esta basílica tiene un impresionante rosetón y su desarrollo estuvo totalmente ligado al del monasterio, por lo cual, conforme este adquirió poder, se convirtió en uno de los más grandes y bellos de los alrededores de Barcelona.

Espero que algún día vengas a verme a Barcelona, amigo. Y cuando lo hagas, además de enseñarte la ciudad te mostraré lugares como Sant Cugat, que están ocultos para todos los ojos salvo los que saben buscarlos.

sábado, 18 de abril de 2015

10 Lugares Imprescindibles para conocer la ciudad de México

Publicado originalmente el 8 de marzo de 2015 en Expreso, Diario de viajes

Tras horas de vuelo cruzando el océano, desde la ventanilla del avión se ve un sinfín de luces y entonces se comprende la inmensidad de la ciudad de México. La urbe parece no tener fin y queda patente el reto que implica conocerla realmente en el tiempo que tenemos disponible.
Para aprovechar la visita al máximo, esta es una guía de 10 lugares indispensables para vivir esta megalópolis y sacarle todo el provecho posible.
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Fuente de los coyotes, Coyoacán
Cada uno de sus más de nueve millones de habitantes tendrán diferentes opiniones de cómo disfrutar del conjunto de 16 delegaciones que, sin contar su área conurbada, forman la ciudad. Pero estos aparecerán en la mayoría de las listas:

Uno. El zócalo
La plaza más emblemática de la ciudad es conocida por todos por su nombre oficial de El Zócalo, aunque oficialmente es Plaza de la Constitución. Desde tiempo de los mexicas ha sido el centro neurálgico de la ciudad y hoy no sólo es un punto de referencia, sino un lugar imperdible de la capital.
El zócalo en si no es más que una enorme plancha 57.600 m², que ha perdido los jardines característicos de miles de plazas de México a favor de un espacio abierto para grandes concentraciones de gente. Pero a su alrededor se ven algunos de los edificios más importantes de la ciudad incluyendo la catedral y el palacio nacional. Sedes del poder político y religioso, tal y como se concibió su diseño desde la Colonia.
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Palacio Nacional, Zócalo
Además de estos, cuenta con el portal de mercaderes, hoy ocupado por dos importantes hoteles con las mejores vistas de la plaza y por varios negocios. Y a un costado de la catedral se muestran los restos del templo mayor, únicos vestigios de la antigua Tenochtitlán que se encuentran abiertos al público.
Dentro de lo que es la gente, el zócalo es recorrido por miles de personas al día, y si no existe un evento organizado o una protesta, al menos se puede ver como se iza la bandera monumental en el asta que domina el centro de la plancha.
Dos. La calle de Madero
A un lado de la Plaza de la Constitución, la calle de Madero, llamada así en honor a un presidente de principios del siglo XX, es una de las principales vías de entrada al zócalo, y escenario de una de las más importantes transformaciones que el centro de la ciudad ha vivido en los últimos años.
Otrora un camino vehicular, en el 2009 el gobierno de la capital tomó la decisión de peatonalizar la avenida, para convertirla en un corredor que uniera la plaza central con el parque de La Alameda.
La apuesta fue difícil en una ciudad que se resiste a dar prioridad al peatón sobre los vehículos, pero resultó un éxito, y hoy la calle se ha convertido en el principal paseo para las decenas de miles de personas que van al centro de la ciudad cada día.
Dos ventajas ha tenido el cambio, por un lado el comercio se ha dinamizado, beneficiando a los muchos locatarios que en varios casos siguen manteniendo abiertos negocios tradicionales. Por el otro a lo largo de toda la calle es posible disfrutar de la arquitectura colonial sin la preocupación de estar vigilando el paso de los vehículos.
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Calle de Madero México: D.F.
El palacio de Iturbide, la casa de los azulejos, el oratorio de San Felipe Neri, el convento de San Francisco de Asís y la casa Borda son sólo algunos de los edificios que se contemplan al caminar por la calle.
Otra cosa que hoy se encuentra es la presencia de artistas callejeros, que van desde las estatuas humanas hasta cantantes de ópera y que dan mucha personalidad a la calle.
Es notable además que, contrario a otras áreas peatonales en grandes destinos turísticos, Madero sigue siendo una calle disfrutada esencialmente por la población local, que no ha dejado que el lugar pierda su personalidad a favor del turismo de masas.
El éxito de la peatonalización de Madero, invita a el gobierno de la ciudad a que continúe apostando por el peatón recuperando espacios para el uso de la población, y poniendo límites a la cultura automotriz que genera parte importante del estrés y la contaminación de la urbe.

Tres. El Palacio de Bellas Artes
Al salir de Madero, y vecino al parque de la Alameda Central, otro de los lugares de paseo favoritos de los defeños, se encuentra el monumental Palacio de Bellas Artes, uno de los principales recintos culturales de la ciudad.
La historia del edificio comienza en 1901, cuando el Teatro Nacional se demolió para ampliar una avenida, dejando a la ciudad sin una sede para las bellas artes. Para suplir la perdida en 1904 se comienza la edificación de este nuevo recinto, cuya construcción estaba planeada como parte de los festejos del centenario de la independencia de México, que trajo consigo muchos proyectos para embellecer la capital y otras ciudades del país.
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Palacio de Bellas Artes
Si bien las obras no se terminaron a tiempo y fueron interrumpidas por una revolución armada contra una dictadura. Treinta años después se consiguieron los recursos para terminar el palacio, que desde entonces es un ícono del Distrito Federal.
El edificio, diseñado por el italiano Adamo Boari, es una obra de arte que combina elementos del art noveau y el art decó, además de trabajos de muralistas mexicanos de la talla de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.
En su interior se han presentado artistas como María Callas o Joan Manuel Serrat, y es sede habitual de la orquesta sinfónica de la ciudad, así como de las compañías nacionales de teatro, ópera y danza. Vale especialmente la pena acudir a las representaciones del ballet folclórico para conocer un poco de la música y bailes tradicionales en esta nación multicultural.
Un detalle que no escapa a la vista, es el desnivel que la entrada al palacio tiene respecto al nivel del suelo. Se dice que el peso del mármol de Carrara y de las esculturas que adornan el edificio es tal que éste se está hundiendo en el suelo. Si bien su diseño pudo no ser el adecuado para la superficie sobre la que se edificó, no cabe duda de que se trata de lo mejor de la arquitectura en la ciudad.
Cuatro. Ciudad Universitaria
Alejando los pasos del centro de la ciudad, y viajando hasta el sur de la misma se encuentra el campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (C.U.)
El campus es uno de los proyectos arquitectónicos más importantes de la ciudad, y comienza su historia en 1946, cuando la universidad recibe del gobierno varias hectáreas en un área llamada El Pedregal, para construir un campus y unir todas sus facultades, que hasta ese entonces estaban dispersas por varios edificios del centro.
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Biblioteca Central UNAM
Una vez recibido el terreno, se hizo un concurso y se eligió un proyecto de Manuel Pani y Enrique del Moral que reflejaba los principios de la arquitectura moderna, con el uso de espacios abiertos, elementos provenientes del medio natural y la inspiración en el pasado, en este caso a la arquitectura prehispánica.
El campus fue inaugurado en 1952, y en su elaboración participaron cerca de 60 arquitectos y artistas que legaron edificios y murales emblemáticos como la biblioteca central, el estadio Olímpico Universitario o las facultades de medicina y arquitectura.
Más allá de sus elementos artísticos, que le han valido al área su incorporación como patrimonio de la humanidad por la UNESCO, el campus conserva también un área cultural con museos, espacios escultóricos y salas de cine y música. Y conserva también una reserva ecológica para preservar el medio natural donde se erigió, con un suelo de piedra volcánica producto de una antigua erupción y una flora y fauna adaptadas a estas condiciones especiales.
Sobra decir que el campus es también la principal sede universitaria del país y que recibe a miles de estudiantes cada día, con lo cual es también una de las zonas con más movimiento y riqueza cultural de la capital mexicana.
Cinco. El barrio de Coyoacán
El crecimiento desmedido de la ciudad de México ha provocado que hoy decenas de poblaciones otrora independientes formen parte de ella, muchas de ellas sin embargo conservan una personalidad propia que las distingue del centro de la ciudad. De entre todas probablemente la que más destaque sea Coyoacán.
Coyoacán era una ciudad cercana a Tenochtitlán, y fue el primer lugar del valle de México donde los españoles se asentaron antes de construir su capital sobre la antigua ciudad mexica. Siendo así el barrio conserva algunos de los más antiguos edificios coloniales de todo México, destacando entre ellos la iglesia de La Conchita o el templo de San Juan Bautista.
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Organillero en Coyoacán
Coyoacán es además un lugar con mucha vida de barrio, sus plazas arboladas y jardines son la envidia de otras zonas de la ciudad que no cuentan con ellas; sus calles se mantienen empedradas, conservando la imagen tradicional de la zona, y su ambiente bohemio se percibe desde sus restaurantes y bares que lo hacen una de las zonas de vida nocturna más populares, hasta en la venta de productos y artesanías que siempre tienen una historia y un significado.
Coyoacán es el mejor lugar para conocer la ciudad más allá de su centro.

Seis. Visitar un mercado
Una de las primeras cosas que uno imagina al pensar en México es su gastronomía, y esta no sería igual si no fuera por la enorme cantidad de productos típicos con los que cuenta el país.
Frutas, vegetales, animales y condimentos dan una gama de posibilidades que forman todo el patrimonio alimenticio mexicano. Algunos como el maíz, el tomate o el chocolate son conocidos ya en todo el mundo, pero muchos otros como el zapote, el mamey o los chapulines no han salido del país. De cualquier forma algo los caracteriza a todos, su colorido.
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Mamey
Una visita a un mercado en México es toda una experiencia, los alimentos se exhiben y los vendedores invitan a probarlos todos, el lenguaje utilizado es folclórico, siendo a la vez familiar y ajeno, es posible comer en decenas de puestos con una sazón que no se halla en la comida mexicana que se vende en el extranjero, y todo forma un mosaico de colores, olores y sabores que se vuelven inolvidables.
Además productos artesanías, vestuarios, juguetes, flores, música y otros elementos tradicionales completan una experiencia que hay que vivir. Por lo general cada barrio tiene su propio mercado central, pero entre los más típicos están el de Coyoacán, el de Álamos y el de Jamaica.
No suelen aparecer en las guías turísticas, pero son una de las experiencias más auténticas y significativas que un visitante puede tener.
Siete. Navegar en trajineras
Alguna vez la ciudad de México estuvo en un kilométrico lago, y sus habitantes se adaptaron a este medio natural aprovechándolo para el transporte, la pesca y el uso de agua potable. Lamentablemente este conocimiento terminó perdiéndose y los citadinos prefirieron desecar el lago en vez de convivir con el, perdiéndose así un medio natural único en el mundo.
Sin embargo los antiguos lagos de Texcoco y Xochimilco no se perdieron del todo, y al sur de la ciudad aún sobrevive una pequeña muestra de lo que alguna vez fue uno de los ecosistemas más importantes de América. Xochimilco es otro de los barrios imperdibles de la ciudad, y más allá de sus calles, destaca por sus canales de agua.
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Balsa en Xochimilco
Estas avenidas que alguna vez llegaban al mismo centro de la ciudad, son aún navegadas por las típicas trajineras, embarcaciones de madera bautizadas con nombres de mujer e impulsadas por largas varas de madera que se apoyan en el fondo del lago.
Su similitud con las góndolas ha hecho que esta zona sea llamada “la Venecia Mexicana”, y los turistas pueden experimentar este medio de transporte abordándolo en alguno de los 9 embarcaderos que existen.
Los paseos se extienden por una o dos horas y mientras se recorren los canales se escucha la música de mariachi, se ven las flores que se cultivan y se descansa del estrés de la gran ciudad.
Los canales de Xochimilco también conservan al ajolote, un anfibio mexicano en grave peligro de extinción y a las chinampas, el tradicional método de cultivo de los pueblos prehispánicos que aprovechaban la fértil tierra del fondo del lago para crear jardines flotantes.
Es una zona donde pasado y presente conviven.
Ocho. Viaja al México prehispánico
Tenochtitlán, la capital mexica, tuvo la mala fortuna de ser completamente destruida durante la conquista y la posterior edificación de la ciudad de México. Con esto gran parte del patrimonio azteca se perdió, y la posibilidad de ver grandes construcciones prehispánicas en la capital también desapareció.
Esto no quiere decir que no exista nada, el área arqueológica del templo mayor a un lado de la catedral exhibe los pocos restos que quedan de la ciudad azteca, y un poco más al norte en Tlatelolco se mantiene en pie una importante pirámide, mientras que al sur de la ciudad la antigua y desaparecida cultura cuicuilca también dejó testimonios de su existencia.
Sin embargo el mejor lugar para conocer el México prehispánico es el Museo Nacional de Antropología e Historia, donde muchas de las más importantes piezas arqueológicas del país están en exhibición.
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Museo de Antropología e Historia
Con salas dedicadas a civilizaciones tan importantes como los mayas, los zapotecos o los teotihuacanos y otras a algunas casi desconocidas fuera de México como las ciudades del occidente y norte del país, la visita al museo es un mosaico completo de toda la variedad y riqueza que existieron en este territorio a lo largo de siglos.
Y si bien el principal atractivo son las piezas arqueológicas, el museo tiene un importante espacio dedicado a la etnografía y a las culturas indígenas vivas que aún pueblan todo el país: yaquis, tojolobales, huastecos, tzeltales y otomís son sólo algunos ejemplos de una cultura viva que suele pasar desapercibida  y que hacen único a México.

Nueve. Un bosque urbano
El Museo de Antropología se encuentra en el área de Chapultepec, un enorme bosque urbano que es considerado el pulmón de la ciudad.
Chapultepec tiene una superficie de 678 hectáreas y se divide en tres secciones, dentro de las cuales se ubican muchas atracciones culturales y deportivas.
Entre todas ellas destaca el castillo de Chapultepec, un palacio construido en lo alto del cerro más alto del parque y que fue residencia tanto del emperador Maximiliano de Habsburgo, como de muchos presidentes. Hoy es un museo que cuenta la historia de México y además ofrece una de las mejores vistas de la ciudad.
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Bosque de Chapultepec
El bosque también cuenta con otra decena de museos, y con zoológicos y parques de diversiones. Además la extensión de sus áreas verdes, sus lagos artificiales y su conveniente localización muy cerca al importante paseo de la reforma lo convierten en una de las más populares zonas de paseo para los capitalinos, que lo disfrutan especialmente los fines de semana,
Diez. El paseo de la Reforma
Una de las avenidas más importantes de la ciudad, y conexión principal entre el centro y el bosque de Chapultepec, la avenida de la Reforma fue antiguamente un paseo para que los emperadores viajaran de la zona de gobierno a su residencia, y más tarde se transformó en un área residencial donde la clase alta del país construyó sus casas al estilo europeo.
Hoy el paseo es la principal zona financiera de la ciudad, y sus casonas históricas han sido remplazadas por grandes rascacielos. Si bien la mayoría tienen escaso valor arquitectónico, existen otros como el edificio de la Lotería Nacional que rescata lo mejor de la arquitectura del siglo XX.
Asimismo la avenida está llena de monumentos icónicos, entre los que destaca el llamado Ángel de la Independencia, una escultura bañada en oro y localizado en lo alto de una columna que honra a los personajes que lucharon en la guerra por independizar el país.
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Ángel de la independencia
La estatua se ha convertido en el principal símbolo de la ciudad. Es punto de festejo en las victorias deportivas y de protesta cuando la población pide un cambio político.
El diseño de la estatua es del arquitecto Antonio Rivas Mercado, y al igual que Bellas Artes fue una de las obras hechas para celebrar el centenario del México independiente.
Dentro de la columna se encuentran los restos de los héroes de la independencia, y subiendo por una larga escalera de caracol se puede llegar hasta su cima, para ver la estatua de cerca y contemplar toda la avenida a su largo.
Texto y fotos: Francisco Fontano Patán