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domingo, 3 de mayo de 2015

Centro de Tlalpan

Mi modesto debut como periodista de viajes.

Publicado originalmente en marzo de 2012 en FWD Magazine de Editorial Playboy.


Centro de Tlalpan

Tlalpan Centro

Elegido como uno de los barrios mágicos de la ciudad de México, el centro histórico de Tlalpan se coloca como uno de los atractivos turísticos más importantes al sur de la ciudad. En un ambiente relajado, encontrarás varias opciones para pasar un agradable día.

Antigua Hacienda de Tlalpan

Ubicada en el casco de una antigua hacienda del siglo XIX, este restaurante destaca como uno de los más exclusivos al sur de la ciudad. Puedes optar por acudir a uno de sus dos comedores con servicio a la carta, que ofrecen lo mejor de la gastronomía internacional y mexicana o bien, solicitar alguno de los cinco salones, dos terrazas o jardín para la organización de eventos privados. Cinco bares y música en vivo completan la oferta de este exquisito lugar.

Restaurante Dolce Amore

En contraste por su tamaño, el restaurante Dolce Amore lleva dos años dedicado a ofrecer gastronomía de calidad a buen precio. De un variado menú que incluye lo mejor de la comida italiana tradicional, nuestro anfitrión recomienda a quien lo visita por primera vez la Flor di Zucca y la pizza de la casa. La cultura italiana se hace presente también a través de la música, el vino y el café, todo lo cual se combina para una experiencia única.

Multiforo Olin Kan

Ubicado en lo que antaño fuera un cine, el multiforo Ollin Kan es uno de los recintos culturales más importantes de la zona. Conocido como la sede principal del prestigiado festival Ollin Kan, la sala permanece activa con conciertos y obras de teatro cuya programación depende de la sección de cultura de la delegación, misma que también organiza la exposiciones de la Casa Frissac y del Museo de Historia de Tlalpan.

Zíngaro, Mesón de Conjuro

Sirviendo un menú de tres tiempos de lunes a viernes por la tarde, y convirtiéndose en un bar de tapas por las noches y los días sábado, Zíngaro es un interesante mesón que trae a México la tradición española del tapeo. Especializado en vinos, cuenta con una selecta cava internacional de la mejor calidad. El local complementa la oferta con una ecléctica oferta musical única en la zona. Los jueves destacan a un artista particular en eventos de dos horas.

Parroquia de San Agustín de las Cuevas

Dentro del zócalo de Tlalpan, punto medular de la vida social y cultural de la colonia, la iglesia de San Agustín destaca como el edificio histórico de mayor importancia. Edificado en el siglo XVII para sustituir la capilla que desde la fundación de Tlalpan ofrecía servicios a los fieles, la parroquia conserva su fachada original y su altar de origen dominico. Puedes completar un recorrido histórico por la zona recorriendo los murales del Palacio Municipal y el Mercado de La Paz, que data del Porfiriato,

jueves, 30 de abril de 2015

Casa Luis Barragán

Publicada originalmente en Expreso, Diario de viajes el 3 de febrero de 2015

Zoraida Gutiérrez, curadora de la casa de Luis Barragán, Ciudad de México

Al caminar por las calles del barrio de Tacubaya, en la ciudad de México, difícilmente se posa la mirada sobre una construcción de fachada gris que en nada se distingue de las casas que la rodean. Sin embargo esta simple fachada esconde un tesoro de la arquitectura del país, pues fue construida y habitada por Luis Barragán, único premio Prikzter del país latinoamericano.
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La casa de Luis Barragán fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2004, tras lo cual el interés de visitantes de todo el mundo en conocerla se ha multiplicado. Dentro del lugar me encuentro con Zoraida Gutiérrez Ospina, curadora del recinto y subdirectora de la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán, encargada de proteger y difundir la obra del arquitecto. Con ella hablamos sobre el arquitecto y sobre su obra, un atractivo turístico que muestra una faceta muy diferente de la capital de México.
¿Quién fue Luis Barragán?
Fue el representante de la arquitectura del siglo XX más importante que ha tenido México. Al pasar los años su arquitectura se ha vuelto muy importante porque marca una pauta en el país y en toda América hasta trascender en Europa y Japón.
Fue un personaje muy sencillo que trabajaba de siete a cuatro en el taller que está a lado de la casa y que después se dedicaba a leer o platicar con los personajes más importantes de la cultura mexicana, tuvo una biblioteca anotada con 2,175 volúmenes. Todo esto enriquece su conocimiento
Sus vivencias en provincia y en Guadalajara tienen influencia en el primer movimiento de su arquitectura, la regionalista, va a tener la influencia de la arquitectura vernácula de Jalisco y Michoacán, así como de la Alhambra y del Mediterráneo. Después de terminar su carrera de ingeniero civil él viaja por España y con todo lo que observa allí empieza a generar una nueva arquitectura, un nuevo movimiento, al grado de que la arquitectura mexicana se divide en antes de Barragán y después de Barragán.
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 ¿En qué consiste ese movimiento?
 Lo principal es que va a retomar muchísimos elementos de la arquitectura de los pueblos los cuales va a abstraer y va a generar su propia obra, eso es fundamental en Barragán. Toma elementos de lo popular y los enraíza en su propia obra.
 ¿Cuáles son las diferentes secciones de la Casa?
 Se tiene el vestíbulo de acceso, el vestíbulo de recepción, el antecomedor, el comedor, el ventanal, la biblioteca que tiene dos espacios de consulta y de reunión, tiene las recámaras que son el cuarto blanco, el cuarto de visitas, el propio y hay un espacio llamada el cuarto de Cristo donde se arreglaba para montar a caballo.
Finalmente hay un espacio muy especial que es la terraza, que está manejada de una manera extraordinaria a través de los volúmenes arquitectónicos, el color, la vegetación y es un espacio que tiene una comunicación directa con el cielo; Barragán era muy religioso por lo que la comunicación con Dios era muy importante, su terraza está enmarcando el cielo.
¿Cómo surge la Fundación?
A raíz de la muerte de Barragán sus herederos, preocupados porque no se pierda su obra, crean la fundación y dan el 40% del valor de la casa para salvarla de la especulación, se consiguió el apoyo del gobierno de Jalisco y desde entonces el trabajo para conservar la obra es constante.
¿Por qué se reconoce esta casa como Patrimonio de la Humanidad?
Se le considera una de sus casas más importantes porque es el reflejo del pensar y ser de un arquitecto como tal. Se ven en ella sus vivencias y todos los elementos que tiene van a trascender en otros arquitectos y en otros movimientos de arte y cultura.
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¿En qué ha ayudado a la casa el nombramiento de la UNESCO?
Para nosotros ha sido una difusión mayor, que ha traído un incremento de visitantes y ha ayudado a que tanto la comunidad como el Gobierno hayan valorado tanto esta casa como toda la obra de Barragán. Aunque se ha perdido mucho desde la declaratoria se ha logrado el respeto a otras construcciones, cosa muy difícil porque la mayoría son particulares. Lugares como las Torres de Satélite, su escultura más importante es hoy muy valorada por la gente que vive cerca de ella.
La casa maneja las visitas bajo el formato de previa cita, ¿por qué se elige este modelo?
La casa tiene espacios grandes y espacios pequeños, no es posible tener a mucha gente en todos los espacios y si dejamos que la gente entre sola se perdería en un recorrido enredado, también nos permite un control de todo lo que contiene la casa, para evitar pérdidas, y son mejor los grupos chicos, máximo doce personas.
¿Es suficiente para atender la demanda?
Tenemos meses que son pico y meses que están más flojitos, aprovechando esto tratamos de acomodar las citas de modo que toda la gente pueda accesar, sin embargo la mayor parte de los días los tours están llenos. Estamos pensando empezar a abrir también los domingos para ver cómo funciona.
¿De dónde vienen los visitantes?
Nosotros recibimos de 10.000 a 12.000 visitantes al año de todos los países, antes teníamos muchos extranjeros y la mayor parte venía de Japón. Hoy Japón sigue siendo el más alto, pero se ha incrementado el turismo mexicano, sobre todo gracias a un proyecto para traer estudiantes de Arquitectura. En el caso de Europa España es uno de los países de donde vienen más visitantes.
La Fundación trabaja con otras obras de Barragán, ¿cuáles son éstas?
Principalmente tratamos de trabajar con los dueños de las casas que diseñó el arquitecto para que éstos las conserven y para que quienes las adquieren tengan conciencia de lo que está en sus manos. Tenemos la Casa Ortega, muy cerca de aquí; la Casa Gilardi, famosa por tener una alberca en su interior; La Casa Prieto López, que acaba de ser restaurada.
¿Es posible visitar estas otras obras?
En algunos casos ya que depende de los dueños. Nosotros podemos proporcionar los datos de las personas que permiten ver las casas, y además se organizan recorridos turísticos en Guadalajara donde hay parte importante de la obra.
¿Qué le dirían a un turista en la ciudad para que eligiera visitar la casa sobre otros lugares?
El extranjero que venga a México va a tener contacto con la arquitectura, ya sea popular en las viviendas, histórica en el centro, o moderna como El Pedregal, Coyoacán o Ciudad Universitaria. Todo tiene una arquitectura específica y toda ella tiene que ver de alguna manera con Barragán. Si tienes interés en la arquitectura todo te lleva a Barragán.
Expreso. Ciudad de México. Francisco Fontano. Fotos: F.F. y Casa Luis Barragán

miércoles, 29 de abril de 2015

Antiguo Colegio de San Ildefonso

Publicado originalmente el 18 de enero de 2015 en Expreso, Diario de Viajes


Entrevista a Cintya Zamora León, guía del Antiguo Colegio de San Ildefonso, México: Distrito Federal

En el centro de la ciudad de México se levanta el edificio del Antiguo Colegio de San Ildefonso. Construido durante la colonia por los jesuitas y uno de los más bellos ejemplos de arquitectura civil barroca en la ciudad.
Con el paso de los siglos el inmueble tuvo diversos usos, hasta que pasó a manos de la Universidad Nacional Autónoma de México, institución que, en 1992, lo destinó a ser un museo que se ha consagrado como uno de los más importantes de la ciudad, y que alberga un importante acervo arqueológico, histórico y artístico, principalmente mexicano.
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Cintya Zamora
En los patios del recinto encuentro a Cintya Zamora León, quien tras cursar la carrera de Historia ingresó como voluntaria al servicio de guías turísticos del museo. Ella nos platica tanto de su trabajo como de la institución donde lo ejerce.
¿Qué hace a San Ildefonso especial respecto a otros museos del país?
Su voluntariado, un programa que tiene veinte años y que permite que a todos los que, como yo, entramos aquí, se nos capacite para ser parte de este museo.
Además de esto el recinto tiene una arquitectura y unos murales que, más allá de las exposiciones, lo vuelven muy importante.
¿Cómo se inicia usted como guía turística?
Buscando trabajo llegué aquí y se me dijo que había ciertas especificaciones para poder dominar todos los temas del museo, en particular sus murales. Para lograr esto inicié una capacitación y en el entretiempo fui mediadora en salas, qué es cuando te colocan en una sala específica de las exposiciones temporales. Posteriormente hice mi examen y hoy soy parte de aquí.
¿El proceso es el mismo para cualquier candidato?
No, hay varios lugares y cada uno sigue un proceso. Te puedes especializar en eventos culturales, aspectos de talleres o mediador en salas.
Dado que el museo tiene en su mayoría exposiciones temporales ¿cómo se prepara para cada una de ellas?
En el caso de las exposiciones temporales suelen venir los responsables de la misma para capacitarnos, por ejemplo ahora tenemos una llamada ‘Muévete de Michael Andy’ y él vino en persona a capacitarnos, diciéndonos lo que quería transmitir. Además recibimos mucha información por escrito que cada persona va digiriendo a su ritmo. En el caso de una exposición de Darwin también se trajeron expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México que nos instruyeron sobre el tema.
¿Qué espera de usted la gente en su labor de guía?
La mayoría de los visitantes no tiene idea del museo, por lo que quieren que les cuente absolutamente todo, y entre ellos hay diversos grupos, desde los que me permiten soltarme y explicarles muy bien hasta los que ya vienen con un conocimiento previo e implican un reto pues buscan más información de lo que la mayor gente considera pertinente.
En su trato día a día con la gente, ¿cuál ha sido su peor y su mejor experiencia?
Realmente no he tenido experiencias difíciles, aunque en la exposición actual he tenido a muchas personas muy religiosas que por falta de información han pensado que van a ver cosas muy religiosas y se ha puesto muy pesado.
Mi mejor experiencia fue con un grupo de quince historiadoras, mi profesión, todas viejitas que a pesar de no venir a la visita guiada se quedaron conmigo durante las más de dos horas de recorrido, y fue muy bonito que al terminar, sabiendo que son historiadoras, me felicitaran por mi trabajo.
¿Cuál ha sido la exposición que más le ha gustado en su tiempo en el museo?
Definitivamente fue “Darwin: Apto para todas las especies” porque fue la primera con la que estuve en el museo, la primera que me acercó a la gente y la que me permitió conocer todo el proceso que se sigue en un museo para traer una exposición. Fue una experiencia que me enganchó a lo que hago.
Siendo que San Ildefonso es un edificio histórico, ¿cuál consideraría que es su lugar favorito?
Mi lugar favorito son los murales del patio norte, pintados por Clemente Orozco. ¿Por qué? Porque te cuentan toda la historia de la Revolución Mexicana a través de los ojos de uno de los mejores artistas mexicanos, fueron pintados entre 1922 y 1926.
¿En qué se distingue el servicio de guías de San Ildefonso respecto a otros museos?
Es un voluntariado de veinte años que es diferente porque te forma, te da una capacitación diferente y te da la oportunidad de desarrollarte a nivel profesional en otros museos a través de la constancia que se obtiene.
¿Cuántos visitantes extranjeros hay y en qué se diferencian de los mexicanos?
Pues yo creo que el visitante nacional trae menos conocimiento que el extranjero, el interés de los mexicanos en salir y conocer sus museos es bastante reciente, pero recientemente se están alineando ambos.
Aquí vienen muchísimos españoles y colombianos, además de visitantes de fuera de la ciudad. La mayoría son de habla hispana pues no hay un servicio de guías en otro idioma, aunque se puede solicitar a la coordinación si se requiere de uno, siendo el inglés el que mejor se maneja.
¿Por qué tendría que venir a San Ildefonso un visitante extranjero?
Tienen que venir porque implica mucho más que un museo, están las exposiciones que se dan pero también su arquitectura y su historia. San Ildefonso ha sido reconocido por otras instituciones como la National Gallery de Londres, así que aquí se abarcan muy bien los aspectos culturales de México.
Expreso. Ciudad de México. Francisco Fontano Patán.
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Museo de San Ildefonso

La pérdida del patrimonio

Publicado originalmente en Expreso, Diario de viajes el 8 de febrero de 2015

En diciembre de 2014 un periódico local levantó la voz de alerta. Una casa de estilo porfiriano, diseñada por el arquitecto Rafael Goyeneche y catalogada como un monumento de valor artístico por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) de México, estaba siendo destruida por una empresa constructora que pretende levantar una torre de 58 niveles en el predio que ocupa la casona histórica.
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Casa Goyeneche, en proceso de demolición
Al momento en que se conoció la noticia las autoridades de la ciudad de México intervinieron, clausurando la obra que, según expertos, ya había perdido 40% de su superficie. A pesar de las medidas, hoy los daños continúan.
El hecho lamentablemente no es aislado, y es una muestra de cómo la corrupción e inoperancia de las autoridades, así como el desinterés de la ciudadanía, le cuesta a una ciudad su patrimonio histórico, del cual parte la identidad de cualquier lugar.
La casa de Goyeneche es la última de una larga serie de intervenciones que han costado al Paseo de la Reforma, una de las avenidas más importantes de la ciudad, el 90% de sus monumentos artísticos; los turistas que hoy caminan por ella no verán en ella nada que los remita al bulevar de estilo parisiense que planeo Maximiliano de Habsburgo al diseñarlo, ni a las casas de estilo europeo que lo engalanaban a inicios del siglo XX. Las diez que sobreviven, ahogadas entre rascacielos sin valor arquitectónico, han quedado privadas del contexto urbano que les daba sentido.
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Nuevos rascacielos remplazan el patrimonio
Este ejemplo es lamentablemente sólo una muestra del riesgo en el que está el patrimonio de decenas de países en vías de desarrollo. Durante mis viajes por el mundo he podido ver como ciudades que otrora tenían una interesante arquitectura la han sacrificado en pos de una modernidad mal entendida: ni África, ni Asia, ni Latinoamérica se salvan de esto.
El turismo es una herramienta esencial para la conservación del patrimonio de países como México, el interés económico que implica, así como la vigilancia que instituciones internacionales hacen son fundamentales para que centros históricos y áreas arqueológicas se mantengan y protejan, e incluso tenemos ejemplos envidiables como Guanajuato. Pero es necesario que la protección y el interés vayan más allá de lo económico.
Tras vivir un año en España fui testigo de cómo incluso las ciudades pequeñas protegen su pasado, mismo que permite a sus habitantes tener muy valiosas señales de identidad. También en mis viajes he visto como las grandes ciudades no sólo conservan, sino que restauran sus monumentos cuando estos sufren algún daño.  Espero que llegue el día en que mi país y el resto del mundo tengan esa conciencia de la importancia de su pasado, antes de que otros lugares sufran el destino de la otrora emblemática avenida de mi ciudad.
 
Ciudad de México. México.
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Una de las pocas casonas históricas que sobreviven en Reforma

sábado, 18 de abril de 2015

10 Lugares Imprescindibles para conocer la ciudad de México

Publicado originalmente el 8 de marzo de 2015 en Expreso, Diario de viajes

Tras horas de vuelo cruzando el océano, desde la ventanilla del avión se ve un sinfín de luces y entonces se comprende la inmensidad de la ciudad de México. La urbe parece no tener fin y queda patente el reto que implica conocerla realmente en el tiempo que tenemos disponible.
Para aprovechar la visita al máximo, esta es una guía de 10 lugares indispensables para vivir esta megalópolis y sacarle todo el provecho posible.
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Fuente de los coyotes, Coyoacán
Cada uno de sus más de nueve millones de habitantes tendrán diferentes opiniones de cómo disfrutar del conjunto de 16 delegaciones que, sin contar su área conurbada, forman la ciudad. Pero estos aparecerán en la mayoría de las listas:

Uno. El zócalo
La plaza más emblemática de la ciudad es conocida por todos por su nombre oficial de El Zócalo, aunque oficialmente es Plaza de la Constitución. Desde tiempo de los mexicas ha sido el centro neurálgico de la ciudad y hoy no sólo es un punto de referencia, sino un lugar imperdible de la capital.
El zócalo en si no es más que una enorme plancha 57.600 m², que ha perdido los jardines característicos de miles de plazas de México a favor de un espacio abierto para grandes concentraciones de gente. Pero a su alrededor se ven algunos de los edificios más importantes de la ciudad incluyendo la catedral y el palacio nacional. Sedes del poder político y religioso, tal y como se concibió su diseño desde la Colonia.
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Palacio Nacional, Zócalo
Además de estos, cuenta con el portal de mercaderes, hoy ocupado por dos importantes hoteles con las mejores vistas de la plaza y por varios negocios. Y a un costado de la catedral se muestran los restos del templo mayor, únicos vestigios de la antigua Tenochtitlán que se encuentran abiertos al público.
Dentro de lo que es la gente, el zócalo es recorrido por miles de personas al día, y si no existe un evento organizado o una protesta, al menos se puede ver como se iza la bandera monumental en el asta que domina el centro de la plancha.
Dos. La calle de Madero
A un lado de la Plaza de la Constitución, la calle de Madero, llamada así en honor a un presidente de principios del siglo XX, es una de las principales vías de entrada al zócalo, y escenario de una de las más importantes transformaciones que el centro de la ciudad ha vivido en los últimos años.
Otrora un camino vehicular, en el 2009 el gobierno de la capital tomó la decisión de peatonalizar la avenida, para convertirla en un corredor que uniera la plaza central con el parque de La Alameda.
La apuesta fue difícil en una ciudad que se resiste a dar prioridad al peatón sobre los vehículos, pero resultó un éxito, y hoy la calle se ha convertido en el principal paseo para las decenas de miles de personas que van al centro de la ciudad cada día.
Dos ventajas ha tenido el cambio, por un lado el comercio se ha dinamizado, beneficiando a los muchos locatarios que en varios casos siguen manteniendo abiertos negocios tradicionales. Por el otro a lo largo de toda la calle es posible disfrutar de la arquitectura colonial sin la preocupación de estar vigilando el paso de los vehículos.
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Calle de Madero México: D.F.
El palacio de Iturbide, la casa de los azulejos, el oratorio de San Felipe Neri, el convento de San Francisco de Asís y la casa Borda son sólo algunos de los edificios que se contemplan al caminar por la calle.
Otra cosa que hoy se encuentra es la presencia de artistas callejeros, que van desde las estatuas humanas hasta cantantes de ópera y que dan mucha personalidad a la calle.
Es notable además que, contrario a otras áreas peatonales en grandes destinos turísticos, Madero sigue siendo una calle disfrutada esencialmente por la población local, que no ha dejado que el lugar pierda su personalidad a favor del turismo de masas.
El éxito de la peatonalización de Madero, invita a el gobierno de la ciudad a que continúe apostando por el peatón recuperando espacios para el uso de la población, y poniendo límites a la cultura automotriz que genera parte importante del estrés y la contaminación de la urbe.

Tres. El Palacio de Bellas Artes
Al salir de Madero, y vecino al parque de la Alameda Central, otro de los lugares de paseo favoritos de los defeños, se encuentra el monumental Palacio de Bellas Artes, uno de los principales recintos culturales de la ciudad.
La historia del edificio comienza en 1901, cuando el Teatro Nacional se demolió para ampliar una avenida, dejando a la ciudad sin una sede para las bellas artes. Para suplir la perdida en 1904 se comienza la edificación de este nuevo recinto, cuya construcción estaba planeada como parte de los festejos del centenario de la independencia de México, que trajo consigo muchos proyectos para embellecer la capital y otras ciudades del país.
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Palacio de Bellas Artes
Si bien las obras no se terminaron a tiempo y fueron interrumpidas por una revolución armada contra una dictadura. Treinta años después se consiguieron los recursos para terminar el palacio, que desde entonces es un ícono del Distrito Federal.
El edificio, diseñado por el italiano Adamo Boari, es una obra de arte que combina elementos del art noveau y el art decó, además de trabajos de muralistas mexicanos de la talla de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.
En su interior se han presentado artistas como María Callas o Joan Manuel Serrat, y es sede habitual de la orquesta sinfónica de la ciudad, así como de las compañías nacionales de teatro, ópera y danza. Vale especialmente la pena acudir a las representaciones del ballet folclórico para conocer un poco de la música y bailes tradicionales en esta nación multicultural.
Un detalle que no escapa a la vista, es el desnivel que la entrada al palacio tiene respecto al nivel del suelo. Se dice que el peso del mármol de Carrara y de las esculturas que adornan el edificio es tal que éste se está hundiendo en el suelo. Si bien su diseño pudo no ser el adecuado para la superficie sobre la que se edificó, no cabe duda de que se trata de lo mejor de la arquitectura en la ciudad.
Cuatro. Ciudad Universitaria
Alejando los pasos del centro de la ciudad, y viajando hasta el sur de la misma se encuentra el campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (C.U.)
El campus es uno de los proyectos arquitectónicos más importantes de la ciudad, y comienza su historia en 1946, cuando la universidad recibe del gobierno varias hectáreas en un área llamada El Pedregal, para construir un campus y unir todas sus facultades, que hasta ese entonces estaban dispersas por varios edificios del centro.
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Biblioteca Central UNAM
Una vez recibido el terreno, se hizo un concurso y se eligió un proyecto de Manuel Pani y Enrique del Moral que reflejaba los principios de la arquitectura moderna, con el uso de espacios abiertos, elementos provenientes del medio natural y la inspiración en el pasado, en este caso a la arquitectura prehispánica.
El campus fue inaugurado en 1952, y en su elaboración participaron cerca de 60 arquitectos y artistas que legaron edificios y murales emblemáticos como la biblioteca central, el estadio Olímpico Universitario o las facultades de medicina y arquitectura.
Más allá de sus elementos artísticos, que le han valido al área su incorporación como patrimonio de la humanidad por la UNESCO, el campus conserva también un área cultural con museos, espacios escultóricos y salas de cine y música. Y conserva también una reserva ecológica para preservar el medio natural donde se erigió, con un suelo de piedra volcánica producto de una antigua erupción y una flora y fauna adaptadas a estas condiciones especiales.
Sobra decir que el campus es también la principal sede universitaria del país y que recibe a miles de estudiantes cada día, con lo cual es también una de las zonas con más movimiento y riqueza cultural de la capital mexicana.
Cinco. El barrio de Coyoacán
El crecimiento desmedido de la ciudad de México ha provocado que hoy decenas de poblaciones otrora independientes formen parte de ella, muchas de ellas sin embargo conservan una personalidad propia que las distingue del centro de la ciudad. De entre todas probablemente la que más destaque sea Coyoacán.
Coyoacán era una ciudad cercana a Tenochtitlán, y fue el primer lugar del valle de México donde los españoles se asentaron antes de construir su capital sobre la antigua ciudad mexica. Siendo así el barrio conserva algunos de los más antiguos edificios coloniales de todo México, destacando entre ellos la iglesia de La Conchita o el templo de San Juan Bautista.
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Organillero en Coyoacán
Coyoacán es además un lugar con mucha vida de barrio, sus plazas arboladas y jardines son la envidia de otras zonas de la ciudad que no cuentan con ellas; sus calles se mantienen empedradas, conservando la imagen tradicional de la zona, y su ambiente bohemio se percibe desde sus restaurantes y bares que lo hacen una de las zonas de vida nocturna más populares, hasta en la venta de productos y artesanías que siempre tienen una historia y un significado.
Coyoacán es el mejor lugar para conocer la ciudad más allá de su centro.

Seis. Visitar un mercado
Una de las primeras cosas que uno imagina al pensar en México es su gastronomía, y esta no sería igual si no fuera por la enorme cantidad de productos típicos con los que cuenta el país.
Frutas, vegetales, animales y condimentos dan una gama de posibilidades que forman todo el patrimonio alimenticio mexicano. Algunos como el maíz, el tomate o el chocolate son conocidos ya en todo el mundo, pero muchos otros como el zapote, el mamey o los chapulines no han salido del país. De cualquier forma algo los caracteriza a todos, su colorido.
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Mamey
Una visita a un mercado en México es toda una experiencia, los alimentos se exhiben y los vendedores invitan a probarlos todos, el lenguaje utilizado es folclórico, siendo a la vez familiar y ajeno, es posible comer en decenas de puestos con una sazón que no se halla en la comida mexicana que se vende en el extranjero, y todo forma un mosaico de colores, olores y sabores que se vuelven inolvidables.
Además productos artesanías, vestuarios, juguetes, flores, música y otros elementos tradicionales completan una experiencia que hay que vivir. Por lo general cada barrio tiene su propio mercado central, pero entre los más típicos están el de Coyoacán, el de Álamos y el de Jamaica.
No suelen aparecer en las guías turísticas, pero son una de las experiencias más auténticas y significativas que un visitante puede tener.
Siete. Navegar en trajineras
Alguna vez la ciudad de México estuvo en un kilométrico lago, y sus habitantes se adaptaron a este medio natural aprovechándolo para el transporte, la pesca y el uso de agua potable. Lamentablemente este conocimiento terminó perdiéndose y los citadinos prefirieron desecar el lago en vez de convivir con el, perdiéndose así un medio natural único en el mundo.
Sin embargo los antiguos lagos de Texcoco y Xochimilco no se perdieron del todo, y al sur de la ciudad aún sobrevive una pequeña muestra de lo que alguna vez fue uno de los ecosistemas más importantes de América. Xochimilco es otro de los barrios imperdibles de la ciudad, y más allá de sus calles, destaca por sus canales de agua.
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Balsa en Xochimilco
Estas avenidas que alguna vez llegaban al mismo centro de la ciudad, son aún navegadas por las típicas trajineras, embarcaciones de madera bautizadas con nombres de mujer e impulsadas por largas varas de madera que se apoyan en el fondo del lago.
Su similitud con las góndolas ha hecho que esta zona sea llamada “la Venecia Mexicana”, y los turistas pueden experimentar este medio de transporte abordándolo en alguno de los 9 embarcaderos que existen.
Los paseos se extienden por una o dos horas y mientras se recorren los canales se escucha la música de mariachi, se ven las flores que se cultivan y se descansa del estrés de la gran ciudad.
Los canales de Xochimilco también conservan al ajolote, un anfibio mexicano en grave peligro de extinción y a las chinampas, el tradicional método de cultivo de los pueblos prehispánicos que aprovechaban la fértil tierra del fondo del lago para crear jardines flotantes.
Es una zona donde pasado y presente conviven.
Ocho. Viaja al México prehispánico
Tenochtitlán, la capital mexica, tuvo la mala fortuna de ser completamente destruida durante la conquista y la posterior edificación de la ciudad de México. Con esto gran parte del patrimonio azteca se perdió, y la posibilidad de ver grandes construcciones prehispánicas en la capital también desapareció.
Esto no quiere decir que no exista nada, el área arqueológica del templo mayor a un lado de la catedral exhibe los pocos restos que quedan de la ciudad azteca, y un poco más al norte en Tlatelolco se mantiene en pie una importante pirámide, mientras que al sur de la ciudad la antigua y desaparecida cultura cuicuilca también dejó testimonios de su existencia.
Sin embargo el mejor lugar para conocer el México prehispánico es el Museo Nacional de Antropología e Historia, donde muchas de las más importantes piezas arqueológicas del país están en exhibición.
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Museo de Antropología e Historia
Con salas dedicadas a civilizaciones tan importantes como los mayas, los zapotecos o los teotihuacanos y otras a algunas casi desconocidas fuera de México como las ciudades del occidente y norte del país, la visita al museo es un mosaico completo de toda la variedad y riqueza que existieron en este territorio a lo largo de siglos.
Y si bien el principal atractivo son las piezas arqueológicas, el museo tiene un importante espacio dedicado a la etnografía y a las culturas indígenas vivas que aún pueblan todo el país: yaquis, tojolobales, huastecos, tzeltales y otomís son sólo algunos ejemplos de una cultura viva que suele pasar desapercibida  y que hacen único a México.

Nueve. Un bosque urbano
El Museo de Antropología se encuentra en el área de Chapultepec, un enorme bosque urbano que es considerado el pulmón de la ciudad.
Chapultepec tiene una superficie de 678 hectáreas y se divide en tres secciones, dentro de las cuales se ubican muchas atracciones culturales y deportivas.
Entre todas ellas destaca el castillo de Chapultepec, un palacio construido en lo alto del cerro más alto del parque y que fue residencia tanto del emperador Maximiliano de Habsburgo, como de muchos presidentes. Hoy es un museo que cuenta la historia de México y además ofrece una de las mejores vistas de la ciudad.
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Bosque de Chapultepec
El bosque también cuenta con otra decena de museos, y con zoológicos y parques de diversiones. Además la extensión de sus áreas verdes, sus lagos artificiales y su conveniente localización muy cerca al importante paseo de la reforma lo convierten en una de las más populares zonas de paseo para los capitalinos, que lo disfrutan especialmente los fines de semana,
Diez. El paseo de la Reforma
Una de las avenidas más importantes de la ciudad, y conexión principal entre el centro y el bosque de Chapultepec, la avenida de la Reforma fue antiguamente un paseo para que los emperadores viajaran de la zona de gobierno a su residencia, y más tarde se transformó en un área residencial donde la clase alta del país construyó sus casas al estilo europeo.
Hoy el paseo es la principal zona financiera de la ciudad, y sus casonas históricas han sido remplazadas por grandes rascacielos. Si bien la mayoría tienen escaso valor arquitectónico, existen otros como el edificio de la Lotería Nacional que rescata lo mejor de la arquitectura del siglo XX.
Asimismo la avenida está llena de monumentos icónicos, entre los que destaca el llamado Ángel de la Independencia, una escultura bañada en oro y localizado en lo alto de una columna que honra a los personajes que lucharon en la guerra por independizar el país.
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Ángel de la independencia
La estatua se ha convertido en el principal símbolo de la ciudad. Es punto de festejo en las victorias deportivas y de protesta cuando la población pide un cambio político.
El diseño de la estatua es del arquitecto Antonio Rivas Mercado, y al igual que Bellas Artes fue una de las obras hechas para celebrar el centenario del México independiente.
Dentro de la columna se encuentran los restos de los héroes de la independencia, y subiendo por una larga escalera de caracol se puede llegar hasta su cima, para ver la estatua de cerca y contemplar toda la avenida a su largo.
Texto y fotos: Francisco Fontano Patán