lunes, 27 de abril de 2015

Los rincones de Guanajuato

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.

Publicado originalmente el 23 de septiembre de 2014


Amiga:

Ya que el otro día me comentaste cómo el escuchar de Chalma te despertó la curiosidad por lo mucho que México tiene que ofrecer más allá de sus playas, hoy te escribo para platicarte de otro de sus rincones, y uno de mis lugares favoritos, la ciudad de Guanajuato.

¿Por qué es un lugar que me encanta? Porque ha sido fundamental para el pasado de mi país, caminando por sus calles no sólo te quedarás con un hermoso paseo lleno de estampas de plazas, parques y pintorescos callejones, sino que en pocas cuadras conocerás mucho sobre la historia de México.
Basílica de Nuestra Señora, Guanajuato
La ciudad, capital del estado homónimo, fue fundada en 1548. Se encuentra en una zona desértica, pero rica en minerales y, mientras se expandían al norte del territorio, los españoles descubrieron su abundancia en plata. Buscando explotar este metal precioso, fundaron muchos lugares que hoy presumen su arquitectura colonial por el llamado Bajío.
De esta época datan los más icónicos edificios de la ciudad. Te recomiendo el templo de la compañía, que tiene la fachada con más riqueza artística entre las iglesias de la ciudad; la Universidad de Guanajuato, que hasta la fecha tiene un uso académico, y la Basílica de Nuestra Señora, que domina una de las más bellas plazas de un lugar que no carece de ellas.


Gracias a la minería, Guanajuato fue una de las ciudades más importantes de la época colonial, y también fue protagonista de la guerra de independencia de México. En sus calles se peleó la primera gran batalla entre insurgentes y españoles, misma que culminó con un sitio y una matanza en la alhóndiga de granaditas, antiguo almacén de granos que hoy es un interesante museo.
Guanajuato tuvo su segundo momento de gloria a finales del siglo XIX, la ciudad fue embellecida con obras como el Teatro Juárez y el mercado. Pero lo más digno de alabar no es toda la riqueza arquitectónica de la ciudad, sino su capacidad de conservarla, eso mismo le valió ser reconocida como Patrimonio de la Humanidad, y la gestión de este patrimonio es un ejemplo para el resto de México, que no siempre es exitoso a la hora de cuidar las huellas de su pasado.

Panorámica de Guanajuato

Ya en el siglo XX, Guanajuato se ha convertido en una capital cultural, y te interesará saber que ha abrazado su origen hispano. Tanto así que cada año celebran el Festival Internacional Cervantino, nombrado en honor al creador del Quijote y donde cada año puedes apreciar una enorme variedad de teatro, música, danza y exposiciones de todo el mundo.
Podría seguirte hablando largo tiempo de Guanajuato, una de nuestras ciudades más interesantes, pero se acaba el espacio. No queda sino recomendarte que la visites y la descubras tú misma.

Un saludo.

viernes, 24 de abril de 2015

Monasterio de Sant Cugat

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.

Publicado originalmente el 3 de julio de 2014


Querido amigo:

Vivir fuera de Barcelona me ha permitido conocer una mayor variedad de lugares de los que ven muchos visitantes, y así he logrado aprovechar mi estancia en Cataluña al máximo. Por supuesto, la capital de la provincia ejerce un magnetismo irresistible, y cada semana tomo el tren para disfrutarla al menos un día. Pero esos viajes en tren me han llevado a pasar por otras muchas ciudades y finalmente la curiosidad me ha llevado a visitarlas. ¿Alguna vez has escuchado de Rubí, Terrassa, Castellar o Palau Solità? Pues todos ellos son lugares cercanos a la Ciudad Condal, con algo que ofrecer e ignorados por los millones de personas que eligen Barcelona. Recorriéndolos, he conocido mucho más de Cataluña, y he cumplido el sueño de todo viajero de llegar a donde pocos lo hacen.
Hoy te escribo para contarte de uno de esos lugares, Sant Cugat del Vallès.

Atrio del monasterio de Sant Cugat

Sant Cugat queda a medio camino entre Barcelona y mi universidad, y aunque pocos extranjeros reparen en él, es uno de los puntos más importantes de la región del Vallès Occidental. En su centro tiene el antiguo monasterio de Sant Cugat, una abadía benedictina en excelente estado de conservación y que hoy aloja un interesante museo.
Al visitar el lugar, aprendí en primer lugar que el Cugat catalán se traduce como Cucufate en español, y es el mismo a quien la tradición en México acude para encontrar objetos perdidos, pero más allá de esta curiosidad, resulta que el lugar fue tan importante que durante la Edad Media fue el monasterio más poderoso del condado de Barcelona, y se convirtió en un auténtico centro de poder al que decenas de templos cercanos le estaban subordinados. Fue así fundamental para el desarrollo de la región.

Basílica de Sant Cugat

El museo de Sant Cugat, alojado en el monasterio, tiene una calidad que uno no espera encontrar más que en las grandes ciudades. En poco espacio no sólo disfruté del bien restaurado atrio, sino que aprendí de la historia de los monjes benedictinos tanto en España como Europa; conocí la evolución arquitectónica del lugar, que sigue el patrón de la orden en toda Europa; me adentré en lo que era la vida diaria de los religiosos y vi como el monasterio se desarrolló en todas sus etapas, desde su crecimiento y apogeo hasta su decadencia y abandono.
La exposición tiene cosas muy interesantes para los aficionados a la historia como yo, por ejemplo un audiovisual permite conocer todos los detalles de la regla benedictina que cada día seguían los religiosos. Y se ha hecho un excelente trabajo de rescate documental, con lo cual hoy podemos escuchar nuevas grabaciones de los antiguos cantos gregorianos, cuya letra podemos además seguir en una pantalla, por si te animas a practicar tu latín y cantar al ritmo de la música.
No puedes, además, dejar de visitar el templo anexo, que hoy mantiene su uso religioso. Esta basílica tiene un impresionante rosetón y su desarrollo estuvo totalmente ligado al del monasterio, por lo cual, conforme este adquirió poder, se convirtió en uno de los más grandes y bellos de los alrededores de Barcelona.

Espero que algún día vengas a verme a Barcelona, amigo. Y cuando lo hagas, además de enseñarte la ciudad te mostraré lugares como Sant Cugat, que están ocultos para todos los ojos salvo los que saben buscarlos.

‘Madagascar, carnet de voyage’ (2010), de Batien Dubois

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.

Publicado originalmente el 29 de junio de 2014

Amigo:

Nuestro proyecto de viaje se ha dedicado a rendir homenaje a un medio tradicional de comunicación durante un viaje, las tarjetas postales. Éstas, aunque son las más reconocidas, no son la única manera en que los viajeros han plasmado sus impresiones de un país extranjero, otro de los medios más atractivos han sido los diarios, que acompañan a una persona día tras día mientras recorre tierras extrañas, y donde al final de cada jornada se escriben las impresiones, curiosidades y aventuras, a la vez que se les acompaña de pequeños recuerdos como billetes de transporte, entradas a atracciones, fotografías o cualquier pequeño detalle que al ser observado, nos remite al lugar de donde procedieron y a la anécdota que lo hizo significativo.
Los diarios de viaje se han vuelto mucho menos comunes en estos tiempos donde la tecnología permite compartir todo al instante, pero para quienes mantienen viva su tradición son un recuerdo tangible e imborrable de las aventuras vividas lejos de casa.
Todo esto viene a cuento porque hoy quería hablarte de un precioso cortometraje que homenajea a los diarios de viaje. Madagascar, diario de viaje, de Bastien Dubois.
Dubois es un animador francés y apasionado de los viajes, quien tras visitar Madagascar, en África, decidió plasmar todas sus impresiones en un original trabajo que en once minutos nos resume sus experiencias en la isla.
Caminos, comida, bebidas, fauna, paisajes, todo forma parte de este cortometraje, que además se concentra en la gente. Las miradas de los malgache, sus sonrisas, y su curiosidad por el extraño visitante que recorrer sus pueblos para presenciar la tradicional ceremonia fúnebre de los famadihana.
Además de una animación que da en el blanco a la hora de reflejar el país, el corto de Dubois aprovecha el paisaje sonoro del país para, con cantos, música, diálogos y el sonido de ciudades, y pueblos permitirnos sentirnos inmersos en el viaje que se nos propone.
Cuando vi este corto por primera vez, me encantó, y visto por segunda ocasión sigo teniéndolo en alta estima. Creo que su mayor logro es que hace lo que todo periodista de viajes pretende lograr, transmitirnos el cariño y la pasión del viajero por el lugar en el que estuvo, y despertarnos el interés por estar allí para vivir en persona aquello que se nos cuenta.

Termino estas letras, amigo, recomendándote que te regales un maravilloso viaje a Madagascar, y que lo comiences viendo esta pequeña pero inigualable película.

Hasta la próxima.

La conexión de Malta y Portugal

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.

Publicado originalmente el 19 de junio de 2014


Querido amigo:

Hoy te escribo mientras vuelvo a recordar mi viaje a Portugal, y en particular mi paso por Oporto, de cuyos barcos te hablé hace algún tiempo.
Uno de los monumentos más famosos de la ciudad es la torre de los Clérigos, una construcción que con 75.6 metros fue durante largo tiempo el edificio más alto de la ciudad y que, aunque ya ha sido superada, sigue siendo visible desde muchos puntos de Oporto. Su importancia es tal que los portugueses la usaron para decorar una moneda conmemorativa de dos euros.
La torre de los Clérigos no es otra cosa que el campanario de la iglesia homónima, a cuya espalda se levanta. Ambas construcciones datan de finales del siglo XVIII, y fueron obra del arquitecto italiano Nicolau Nasoni.
Torre de los Clérigos

Conocí la torre en mi primer día en Portugal. Tras caminar por la plaza de la Libertad, flanqueada en toda su extensión por exquisitos palacios del siglo XIX, se llega a la rua dos Clerigos, la cual es dominada desde las alturas por la fachada de la iglesia localizada en la cima de la calle que, como muchas en la ciudad, se adapta a los desniveles del terreno.
Lamentablemente no pude entrar a la iglesia, que estaba siendo restaurada, pero sí disfrutar con su fachada de estilo barroco, que a pesar de su calidad ha tomado un lugar secundario en el interés turístico respecto a su campanario.
Contemplar la esbelta figura de éste ya merece hacer el viaje hasta allí, pero la torre permite además conocer su interior y, para quien logre subir sus 240 escalones, disfrutar de una panorámica de Oporto y de sus famosos tejados rojos que sólo pueden disfrutarse plenamente desde esta altura. Contemplando desde allí la ciudad en su conjunto, uno comienza a enamorarse de ella.

Siempre me gusta tomarme el tiempo de recordar y compartir contigo mis viajes pasados, pero estas letras sobre la torre no se deben sólo a una remembranza. Pues leyendo he descubierto una conexión entre Portugal, mi último destino, y Malta, el siguiente.
Esta conexión es gracias a Nicolau Nasoni, quien tras formarse como artista en Siena, fue invitado a Malta por el Gran Maestre de los Caballeros de San Juan, el portugués Manoel de Vilhena, quien se preocupó por embellecer la isla.
Durante dos años Nasoni trabajó como pintor creando los frescos de la cripta del Gran Maestre en la iglesia de San Juan, y los óleos en el palacio del Gran Maestre. Asimismo el arquitecto perfeccionó sus habilidades artísticas, e hizo los contactos necesarios con caballeros de origen portugués que facilitaron su contratación por la diócesis de Oporto. Ya en la ciudad de norte de Portugal desarrolló el grueso de su trabajo, creando edificios que, como la torre que te he descrito, siguen siendo íconos de la nación lusitana.

Panorámica de Porto

¿No es sorprendente como la historia enlaza de esta manera lugares y monumentos que en principio parecen tan lejanos?

Después de tener el gusto de estar en su torre de los Clérigos, ahora que estaré en Malta conoceré más del trabajo de Nasoni, y habiendo contemplado ya parte de su obra la veré con otros ojos.

Me da gusto compartir estos descubrimientos contigo, amigo, y nos seguimos escribiendo para compartir Portugal, Malta y el mundo.

jueves, 23 de abril de 2015

Los romanos en Tarragona

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.


Publicado originalmente el 5 de junio de 2014



Querido amigo:

Te escribo de nuevo para seguirte contando de mis viajes por esta Cataluña en la que ando viviendo. La semana pasada estuve en uno de sus puntos más importantes, Tarragona.

Esta ciudad tiene una de las historias más ricas de la comunidad. Su localización privilegiada llamó la atención de los comerciantes fenicios, primeros que se establecieron en ella, y más adelante fue habitada por pueblos ibéricos. Sin embargo, fue el imperio Romano el que puso a Tarragona en el mapa.
Anfiteatro romano de Tarragona
Durante las guerras púnicas la ciudad era un punto de abastecimiento para los cartagineses, por lo cual los romanos tomaron la decisión estratégica de conquistarla. Una vez que triunfaron, la entonces llamada Tarraco se convirtió en la base desde la cual Roma se expandió por la península Ibérica, y se convirtió en una de las urbes más importantes de Hispania.

Hoy Tarragona ha abrazado esta herencia romana. Sus sitios arqueológicos han llevado a la inscripción de la localidad como patrimonio de la humanidad de la UNESCO, y cada año la cultura latina es celebrada a través del festival Tarraco Viva.
Como historiador, no podía resistirme a conocer todo este pasado, y fueron los cuatro sitios arqueológicos romanos lo que más interés me generó. Es posible visitarlos todos a precio reducido con una entrada combinada, que además incluye dos casas-museo del siglo XIX.
Lo más impresionante es probablemente el anfiteatro romano, localizado justo frente al Mediterráneo, fue la sede de los combates de gladiadores, así como el lugar donde los cristianos eran martirizados cuando su religión se perseguía. Este uso fue el que permitió que el lugar se conservara hasta nuestros días pues, al ser el punto donde San Fructuoso murió quemado, fue considerado tierra santa durante el medievo y se le respetó como lugar de culto. Incluso levantaron una iglesia dentro del recinto cuyos restos aún se aprecian.

anfiteatro romano de Tarragona

Hoy es posible entrar al centro de la arena, y contemplar las gradas desde la perspectiva de los gladiadores que aquí pelearon. Aunque no haya hoy una multitud vitoreando a los peleadores, al caminar por el terreno es muy fácil sentir la adrenalina que la cercanía del público, y la necesidad de luchar por su vida provocaría en los participantes de cada combate. Es una visita esencial y que te recomiendo mucho.
El anfiteatro es sólo una de las imágenes con las que me quedo de Tarragona. Pero tendré que contarte del resto en otra ocasión. De momento te mando recuerdos y seguiremos en contacto.

Un palacio por un amor

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.

Publicado originalmente el 24 de mayo de 2014



Querida amiga:

Ya sabes que soy un romántico, y como me encantan las grandes historias de amor hoy tenía que escribirte sobre una de la que me acabo de enterar, un gran romance que ocurrió en Barcelona, y que dotó a la ciudad de un bello edificio cuyo origen es desconocido por los miles de paseantes que caminan frente a él.
El protagonista de esta historia es Enric Sagnier, nacido en Tarragona y graduado como arquitecto en 1882. Enric empezó su carrera como asistente de Francisco de Paula del Villar y más adelante diseñó la iglesia de Santa Engracia de Moncada, en un pueblo cercano a Barcelona. Mientras se ocupaba en estos trabajos, el joven, quien también era un talentoso violinista y pintor, conoció y se enamoró de Dolors Vidal Ribas i Torrent. La chica debió apreciar los muchos talentos de Sagnier pues su amor fue correspondido, por lo que decidieron casarse. Pero cuando el joven fue a pedir la mano de su amada a su padre, éste se la negó, diciéndole que no tendría a su hija hasta que fuera un arquitecto reconocido.
Los pocos trabajos de Sagnier no bastaban al señor Vidal, y el joven se dio cuenta de que para convencerle tendría que diseñar un edificio de la mayor importancia en Barcelona. Afortunadamente para él, y con motivo de la futura Exposición Universal de 1888, el barrio de La Ribera estaba pasando por una importante transformación.

Palacio de Justicia de Barcelona (Wikimedia Commons)

El arquitecto se inscribió en un concurso para diseñar la nueva sede de los juzgados y la audiencia de la ciudad, que estarían localizados a un lado del Arco del Triunfo, puerta de entrada a la exposición. Una vez que el juzgado deliberó, su proyecto fue elegido y el joven recibió la comisión de hacerse cargo del proyecto al lado de su compañero Josep Domènech. La construcción del edificio tomaría veinte años, pero en 1888 con su proyecto ganador Enric Sagnier pudo casarse con su amada Dolors.
El Palacio de Justicia de Barcelona combina la funcionalidad de la sede con la monumentalidad de la obra, y con una belleza escultórica obra de los mejores exponentes de este arte. Tiene además lienzos de grandes pintores catalanes en su interior, y aún si estos elementos artísticos estuvieran ausentes, su arquitectura de grandes cúpulas y hierro forjado llaman poderosamente la atención, convirtiéndolo en una digna vista del paseo que engalana. 
El talento mostrado por Sagnier en esta primera obra luego se confirmaría, pues a lo largo de su vida el arquitecto continuó trabajando en grandes obras tanto en Barcelona como en sus alrededores, entre las que destacan la Aduana de Barcelona, el Templo del Sagrado Corazón en el Tibidabo y las Torres de Arbide en San Sebastián. Pero no me cabe duda de que entre todas sus obras, el arquitecto siempre debió tener especial aprecio por este palacio, que no sólo es la sede de las instituciones judiciales de la ciudad, también fue la obra que le permitió consumar un gran amor. 

¿No te encantaría que alguien levantara un palacio por ti?

Te dejo con esta historia, amiga, pero volveré con otras que voy descubriendo mientras paseo por Europa. 

Hasta la próxima.

miércoles, 22 de abril de 2015

‘Bye Bye Barcelona’ (2014), de Eduardo Chibás

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.

Publicado originalmente el 18 de mayo de 2014

Amigo:

Hace unos días di un largo recorrido por Barcelona, estuve presente en sus grandes atractivos y así palomeé todos los puntos básicos de la lista de cualquier visitante: La RamblaBarcelonetaLa Sagrada FamiliaPark Güell. Lamentablemente no se trató de una visita agradable. Fue apresurado, pues el ritmo lo marcó el apretado itinerario de los guías de turistas, y molesto por la presencia de otros cientos de turistas que estorbaban el paso, la vista y el oído con sus cámaras, su ruido, sus atuendos y su aparente poco aprecio por el verdadero valor de todo lo que veían. Al terminar no pude evitar salir decepcionado, me dio la impresión de que no vi a ningún barcelonés fuera de los empleados que me atendieron en un local de comida rápida donde apuré una hamburguesa, y aunque salí con muchos recuerdos como camisetas de Lionel Messi y un sombrero de charro mexicano que una dependienta me aseguró era típico de Cataluña, me dio la impresión de que no conocí realmente la ciudad, ni su cultura, y el caos que me rodeó me dejó con pocas ganas de volver.
Esta experiencia, yo la viví viendo el documental Bye Bye Barcelona, que reflexiona sobre el impacto negativo que el turismo de masas tiene en la ciudad condal, pero miles de personas la experimentan a diario, y esto es motivo de que según algunos estudios la ciudad sea la cuarta que más defrauda a sus visitantes, además de que tiene un terrible costo sobre la calidad de vida de sus habitantes.
La película, del director Eduardo Chibás, fue presentada en el marco del Máster de Periodismo de Viajes, y todos los asistentes tuvimos la oportunidad de reflexionar sobre el tema con el cineasta, quien nos acompañó en la función. En poco menos de una hora se nos presenta un triste panorama con datos sorprendentes como el de que ocho de cada diez personas en La Rambla son turistas, que el número de visitantes a la ciudad ha pasado de 1.7 millones en 1990 a 8 millones en 2013, y que, aunque el turismo deja ingresos millonarios a la ciudad, también ha provocado el cierre de cientos de negocios tradicionales que han sido remplazados por bares e indistinguibles tiendas de súvenirs.
Chibás ha dado voz a las asociaciones de vecinos, quienes se quejan de que sus barrios ya no están hechos para vivir, pues su infraestructura está superada, pero cuyas peticiones han sido ignoradas por el ayuntamiento, quien apoyando al lobby hotelero continúa especulando con la construcción de habitaciones y negocios, haciendo de la ciudad un parque temático para el consumo masivo.
Al final reflexionamos sobre las salidas que este problema puede tener, para evitar que la ciudad se pierda para los locales, y para lograr que el turismo de calidad no huya de ella atosigado por las masas que vienen por unas horas a través de masivos cruceros que han hecho mucho daño en todo el Mediterráneo. También meditamos sobre nuestra responsabilidad como periodistas de viajes a la hora de promocionar un destino, y finalmente vimos la necesidad de que tanto Barcelona como otras grandes urbes en su situación recuperen la filosofía que las hizo atractivas en un principio: tener un proyecto de desarrollo como país para sus ciudadanos, no un proyecto de mercado para el consumo sin fin de millones de personas que pasan sin conocer.
El documental se estrenó vía internet en marzo pasado, y desde aquí te invito a verlo y a que también reflexiones sobre cómo hacer que el turismo sea algo positivo y no negativo para un destino.