lunes, 4 de abril de 2016

Colombia a ritmo de vallenato

La UNESCO reconoce la música colombiana como patrimonio, haciendo de éste el mejor momento para disfrutarla.

Uno de los lugares con más ritmo es Colombia. Tal es la importancia de la música para el país, que a lo largo del territorio se han generado muchos tipos de géneros profundamente enraizados en la identidad de diversas ciudades y municipios, con base en esta variedad musical, Colombia es llamado “El País delos 1000 Ritmos”.

Músico de Vallenato

Entre toda esta variedad musical, hay un puñado de músicas que destacan por su difusión, y una de ellas es el vallenato. Originado de una fusión de cantos africanos y ritmos indígenas, el vallenato hoy se asocia inmediatamente como el género más típicamente colombiano, pero aunque hoy se le escucha en todo el país, lo mejor para disfrutarlo es desplazarse a la Costa del Caribe, donde están las provincias donde nació.
Valledupar, capital del Departamento de Cesar, se vuelve el epicentro musical de Colombia cada año a finales de abril, cuando se viste de gala para celebrar el Festival de la Leyenda Vallenata, que desde hace 48 años reúne a lo más selecto de este folclor. Unirse a los miles de visitantes que acuden al evento se convierte en una muy interesante oferta turística en el país sudamericano.
 El festival inició en 1968, a partir de la iniciativa del músico Rafael Escalona. Pero pasó a convertirse en un evento de alcance nacional cuando Alfonso López Michelsen, exgobernador de Cesar, llegó a la presidencia del país y desde ahí ayudó a popularizarlo. Su crecimiento fue tan rápido, que el gobierno local dejó de hacerse cargo de su organización y se creó una Fundación dedicada no solamente a preparar el Festival, sino a investigar, preservar y difundir el vallenato.
Visitar Valledupar en abril, es quedar inmerso en este ritmo. Toda la ciudad se llena de eventos, siendo los principales los que se llevan a cabo en la tarima Compae Chipuco en el parque Consuelo Araujo Noguera. Sus 40,000 localidades hacen de éste el escenario más grande de la ciudad, lo cual no impide que quede lleno a reventar para ver la gran final. Ahí cada año se elige una canción inédita como ganadora, y a su intérprete como rey del vallenato, asegurando a su vez que se mantenga como una tradición viva.
El 2 de diciembre, la UNESCO eligió al vallenato como un nuevo patrimonio inmaterial de la humanidad. Los elementos en esta lista se caracterizan por transmitirse de una generación a otra a través de la tradición, estar íntimamente ligados a una región o cultura y no pueden ser resguardados por museos ni instituciones, por lo que la única manera de conocerlos es a través de las personas que lo reproducen. Por ello su importancia cultural se suma a su valor turístico, pues permiten al visitante conocer una expresión única de un determinado lugar.
Además de la sede principal, otros cinco escenarios de Valledupar reciben a los visitantes en los diversos eventos asociados al festival. Desde concursos infantiles donde los grandes intérpretes del futuro empiezan a formarse, hasta eliminatorias con participantes de todo el mundo que luchan por acceder a la final permiten acercarse al vallenato con mayores oportunidades de encontrar entradas.
Si no se consigue entrar a un escenario, de cualquier forma pasear por la ciudad implica conocer mucho de lo que Colombia ofrece gracias a la actividad comercial impulsada por el mayor número de visitantes, los artesanos llevan sus mejores piezas para vender, y la gastronomía local como lo son las arepas de queso se ofertan en puestos callejeros. Los principales hoteles de la ciudad también contratan a grupos profesionales, para compartir con sus huéspedes un poco de la alegría que inunda la ciudad.

2016 Será uno de los mejores años para visitar el Festival de la Leyenda Vallenata, pues el reconocimiento de la UNESCO, que se llevaba buscando durante años, aumentará la alegría de los colombianos, que como nunca querrán compartir su música con el mundo.

miércoles, 10 de febrero de 2016

El pueblo que el diablo protege

Publicado originalmente en la revista Voy y Vengo en enero de 2016

















No hay día en España que no sea de fiesta. Tanto las grandes ciudades como los pueblos más pequeños tienen su santo patrón y el día marcado en el calendario litúrgico para recordarlo se convierte en motivo para unir a vecinos y visitantes alrededor de música, comida, danzas y eventos culturales. Es el caso de Castellbisbal, municipio ubicado en la provincia de Barcelona.
A 26 kilómetros de Barcelona, Castellbisbal celebra su fiesta el 22 de enero, día de San Vicente. A pesar de caer en pleno invierno, sus habitantes desafían el frío y la nieve para unirse en una celebración cuyos principales actos son dos tradiciones con especial apego en Cataluña: el baile de gigantes, enormes figuras de cartón-piedra portados por una persona que los hace girar, y la butifarrada, donde el embutido de origen catalán se reparte en un gran banquete.
Pero si la alegría y la convivencia de la fiesta son similares a la del resto del país, Castellbisbal tiene algo que lo distingue. Aquí, San Vicente comparte la labor protectora con el personaje aparentemente menos indicado para ello, Satanás. La leyenda detrás de esto está ligada al monumento más importante del lugar.
Un puente construido en una noche
Habitado desde la época romana, Castellbisbal siempre ha estado ligado a su pueblo vecino, Martorell, del cual está separado por el río Llobregat. Para llegar hoy a esta zona, la mejor opción es hacerlo por la Ruta S4 de ferrocarril, que hace parada en una estación compartida por ambas poblaciones.
Desde ahí es necesario un viaje extra en autobús para llegar a Castellbisbal, que contempla los trenes desde la cima de una colina. En cambio, para llegar a Martorell sólo hay que cruzar a pie el río por un puente que siempre ha sido enlace entre ambas localidades y cuya leyenda explica el agradecimiento del diablo con Castellbisbal.
Se cuenta que, tras una crecida del río, el puente romano original fue destruido y Martorell quedó aislado. Sabiendo de la desesperación de los vecinos, el diablo se presentó ante ellos prometiendo levantar uno nuevo en una sola noche. A cambio quería el alma del primer hombre que lo cruzara.
Animados por una anciana, los pobladores aceptaron, y al amanecer el puente estaba listo. Esperando al desafortunado con cuya alma se quedaría, el diablo vio a la anciana acercarse con un gato, al que azuzó para que cruzara, e indicó al diablo que podía quedarse con el alma del animal. De ese modo la gente quedó libre de usar el puente.
La obra que vemos hoy en día es, en su mayor parte, una reconstrucción de los años sesenta del siglo XX, pues el original fue víctima de la Guerra Civil. Pero fue restaurado respetando el modelo del puente gótico levantado en 1295 y que, si bien tardó años y no una sola noche en levantarse, nos muestra con su pronunciada pendiente que fue planeado para evitar cualquier otra posible crecida del Llobregat.
Desde la cumbre del puente se nota el contraste de la tierra entre ambos municipios, pues en Castellbisbal es rojiza. La leyenda del diablo no termina con su derrota pues, burlado, fue perseguido por los vecinos de Martorell y se refugió en el pueblo vecino, donde, para su sorpresa, fue bien recibido.
En agradecimiento, el diablo pintó el suelo de rojo. Gracias a eso podía reconocer a sus pobladores en cualquier lugar por el color del barro que se adhería a sus botas y protegerlos a dondequiera que fueran, como lo protegieron a él.
Un viaje a la vida rural
Si el color de la tierra era tan importante cuando se generó esta leyenda es porque durante muchos siglos Castellbisbal fue un municipio agrícola. Tras una jornada de trabajo, todos volvían al campo con cazcarria en sus pantalones; de ahí que el lodo fuese un modo de identificar a alguien del pueblo.


Vista de Castellbisbal
Sin embargo, la vida rural acabó en gran medida durante el franquismo. Siendo un lugar cercano a Barcelona, Castellbisbal fue elegido por el desarrollismo para ser un polo industrial y sus habitantes pasaron de cultivar la tierra a laborar en los recién construidos polígonos industriales.
La cultura asociada con la vida en el campo estuvo a punto de desaparecer hasta que en 1985 se abrió el Museo Histórico de la Pagesia. A partir de diversos artículos en desuso donados por los habitantes del pueblo, el museo empezó a rescatar testimonios de cómo era la vida de campo y se convirtió en un punto indispensable para visitar.
Los instrumentos de labranza, el transporte, los mercados y la naturaleza son elementos de la exposición, que culmina con la vida de las personas. Ahí, las relaciones familiares, los juegos, las fiestas y las creencias son reconstruidos junto con los espacios donde se desarrollaban.
El museo, además, cuenta con exposiciones temporales enfocadas en el arte y la fotografía. Asimismo, anualmente realiza una muestra de oficios tradicionales, mediante la cual se conoce de primera mano el trabajo de canteros, carpinteros, tejedores y de otros oficiales cada vez menos comunes debido al advenimiento de la tecnología.
Una colección peculiar
Del mismo modo, un vecino, Joan Bosch, por su cuenta empezó a comprar tractores descompuestos para entretenerse reparándolos. Sin darse cuenta, su pasatiempo lo orilló a buscar más y más maquinas, primero en el interior del país y luego en otros lugares del mundo, hasta que formó la colección de tractores más grande de España.
Bosch no pensó que el asunto tuviera interés para nadie más que él, por lo que se sorprendió cuando en un viaje por Francia descubrió que en varios pueblos había museos dedicados al tema, lo cual lo animó a exhibir su colección en el que se convirtió en el primer Museo del Tractor de su país.
Las máquinas que ha logrado comprar provienen de rincones tan lejanos como Argentina y Australia, y abarcan un periodo de casi 70 años. El tractor más viejo que tiene es de 1898. Un armatoste de cinco toneladas, el más nuevo de todos, es de 1965.
La pasión de Bosch es contagiosa, y el museo, que sacó adelante sin ningún apoyo, representa un modo de descubrir lo complejo y variado de algo que en apariencia es muy simple.
Ermita de San Vicente en Castellbisbal
La visita empezó con San Vicente y termina con él. Además de la iglesia mayor, frente a la cual se lleva a cabo la fiesta, el santo tiene dedicada una pequeña ermita medieval. Ésta es lo único que queda del antiguo castillo y se localiza en el punto más alto del territorio. Desde ahí se tienen las mejores estampas para despedirse de Castellbisbal con una digna fotografía.
Un pequeño sendero conduce, camino abajo, hasta los trenes, y seguirlo garantiza que el barro ensuciará nuestro calzado. De ese modo tal vez el diablo nos ofrezca su protección tras haber pasado la jornada en su pueblo predilecto.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Rancho Obi-Wan

Hace mucho tiempo
En una galaxia muy, muy lejana
Un fanático de Star Wars comenzó a juntar 
artículos de la saga que, a lo largo de 38 años,
se convirtieron en la colección más grande del mundo.
Hoy se exhibe en Rancho Obi-Wan
El museo que todo Warsie debe visitar



Cuando La Guerra de las Galaxias estaba por estrenarse en 1977, un folleto promocional de la cinta llegó a las oficinas del Wall Street Journal, para terminar en el basurero. Sin embargo al final de la jornada fue rescatado por un curioso reportero, Steve Sansweet, quien lo conservó sin saber que con ese hecho estaba dando inicio a la que sería la pasión de su vida.
Conforme la película rompía records de audiencia y generaba toda una mitología, Swansweet se convertía en uno de los primeros fanáticos de la saga, y empezó a armar una colección que crecería a niveles insospechados. A la vez, combinó su trabajo periodístico con la publicación de libros de la saga, con lo que pronto se convirtió en el experto de Star Wars más reconocido a nivel mundial.
Todos los objetos estaban en su casa, a la vista de nadie. Pero en 1995 inició una nueva etapa en su vida convirtiéndose en encargado de relaciones con los fans de Lucasfilm. Mudándose al norte de California, se puso a buscar un lugar adecuado para almacenar lo que ya era un grupo de miles de objetos, y lo encontró en la ciudad de Petaluna, en lo que antes había sido un criadero de pollos.
Por más de una década, la colección era una leyenda inaccesible a todos salvo algunos selectos fanáticos, pero todo cambió en 2011. Swansweet dejó de trabajar en Lucasfilm a tiempo completo, acondicionó su rancho para recibir visitantes y las puertas abrieron para llevar a fanáticos y curiosos a explorar toda la mitología del universo Jedi.

Touring Rancho Obi-Wan
Fuente: ranchoobiwan.org
Un tour típico comienza por la biblioteca, donde se presume que se pueden encontrar todos los libros publicados en inglés sobre la franquicia. En cada pequeño espacio sobrante entre las estanterías se empiezan a ver figuras coleccionables, varias de ellas con historias tras de ellas narradas por los guías.
Pero el verdadero viaje comienza al salir de esta habitación por una puerta que al abrirse activa la partitura compuesta por John Williams para la película. Entonces los vista contempla un enorme almacén con más piezas de las que se pueden concebir. Desde grandes figuras de personajes principales como Darth Vader o R2-D2, hasta prototipos de juguetes que nunca salieron a la venta se encuentran en un salón donde un warsie podría pasar días.
Como lo merece una saga espacial, las naves tienen un cuarto especial donde cientos de modelos a escala han sido armados. Como centro de esta exhibición se encuentra el Halcón Milenario, abierto en dos para poder explorar los detalles de su interior. Originalmente el museo terminaba en este punto, pero con miles de objetos más que no podían exponerse nuevas salas se abrieron con carteles, máscaras y disfraces y artículos únicos diseñados por fans de la serie como modos de expresar su pasión compartida y que aquí alcanza su máxima expresión.
Para visitar Rancho Obi-Wan hay que entrar a la página http://www.ranchoobiwan.org/ y apartar una fecha para un tour privado, si hay suerte será el propio Steve Swansweet quien te guíe a través de la colección.


Así, mientras el episodio VII se estrena a nivel mundial reviviendo el interés por la saga, este museo se presenta como el lugar para conocer hasta donde llega esta pasión.

jueves, 19 de noviembre de 2015

El enigma de Filfla

Parte de mis textos escritos para el libro Postales del Mundo: Maltaque dentro del proyecto de Caminos Sellados, rindió homenaje a las tarjetas postales con un estilo periodístico epistolar.
Los textos son míos y el libro fue desarrollado en colaboración con: Anna Boschdemont, Patricia Catania, Guillem Griera, Naiara Lemos y Marialenia Savvaidi.
El proyecto ganó un premio en los Malta Tourism Press Awards 2014.



El enigma de Filfla
Isla de Filfla. Por Naiara Lemos



Querido Tías:

Aunque sólo las tres mayores están habitadas, Malta cuenta con más de dos docenas de islas e islotes en su territorio. De todas ellas la que más llama la atención es Filfla.
A pocos kilómetros de la costa sur de Malta, Filfla domina el horizonte capturando las miradas de quienes caminan por la carretera del Groto Azul, los acantilados de Dingli o los templos megalíticos de Mnajdra y Ħaġar Qim. Si hoy resulta tan atrayente, ¿cómo no lo sería antes de que un terremoto en 1856 hundiera la mitad de su superficie?
Malta es también un país lleno de leyendas, y una de las más conocidas explica tanto el nacimiento de Filfla, como el de otro interesante capricho geográfico, Maqluba.
De acuerdo a esta historia, existió alguna vez un pueblo cuyos habitantes eran tan pecaminosos, que ofendieron a Dios, quien una noche, harto, arrancó a la villa de la tierra y la arrojó al mar, siendo Filfla lo único que quedó de ella.
El agujero que quedó dónde estuvo la villa, sería Maqluba. Una depresión localizada en Qrendi, que hoy es uno de los espacios naturales protegidos del país, y que puede contemplarse desde un mirador en su interior. Dos lugares únicos en Malta, quedan así unidos por el mito.

Pronto les contaré más leyendas.


Su sobrino.

Las capillas medievales

Parte de mis textos escritos para el libro Postales del Mundo: Maltaque dentro del proyecto de Caminos Sellados, rindió homenaje a las tarjetas postales con un estilo periodístico epistolar.
Los textos son míos y el libro fue desarrollado en colaboración con: Anna Boschdemont, Patricia Catania, Guillem Griera, Naiara Lemos y Marialenia Savvaidi.
El proyecto ganó un premio en los Malta Tourism Press Awards 2014.


Las capillas medievales
Capilla de Ħal Millieri

Querida Kika

Al descubrir Malta, una de las cosas que más me llamó la atención es la cantidad de templos sembrada por todo su territorio. Desde grandes catedrales hasta sencillas ermitas dan testimonio de la importancia de la religión en la historia del país.
Dicen en la isla que tienen una iglesia para cada día del año (si no es que más), y aunque de toda esta colección sean los tesoros de las co-catedrales de Valeta y Mdina las que más miradas atraen, éstas no son más que la punta del iceberg del patrimonio religioso maltés.
Caminando por cada uno de sus pueblos, descubrirás a cada paso capillas medievales, que nos remiten a una época en que el cristianismo era reintroducido a un lugar que llevaba siglos practicando el islam. Su número es tal que bien puede considerárseles uno de los rasgos distintivos del país.
Las capillas son humildes, pero todas llaman la atención y las puedes llegar a ver en acantilados frente al mar, al fondo de barrancas o dentro de cuevas. Mostrando que la fe, supera muchas barreras. Muchas han caído en desuso, pero se mantienen en pie y algunas han sobrevivido incluso a las villas que les dieron origen. Hoy están siendo revaloradas y rescatadas.
Cuando veas alguna estarás contemplando uno de los rasgos más auténticos de Malta.

La próxima vez que las visité, espero que sea contigo.


Tu compañero de aventuras.

Los ritos funerarios

Parte de mis textos escritos para el libro Postales del Mundo: Maltaque dentro del proyecto de Caminos Sellados, rindió homenaje a las tarjetas postales con un estilo periodístico epistolar.
Los textos son míos y el libro fue desarrollado en colaboración con: Anna Boschdemont, Patricia Catania, Guillem Griera, Naiara Lemos y Marialenia Savvaidi.
El proyecto ganó un premio en los Malta Tourism Press Awards 2014


Los ritos funerarios
Catacumbas de San Pablo, por Patricia Catania


Querido Axel

¡Qué afortunados somos! Hoy, en Paola, podemos contemplar una de las construcciones neolíticas más impresionantes del mundo, pero ésta estuvo a punto de perderse en 1902, sin que nadie supiera de ella.
El Hipogeo de Ħal Saflieni, una necrópolis prehistórica, pasó siglos bajo tierra hasta ser descubierta durante los trabajos de ampliación de una casa. Sus dueños, temerosos de la expropiación de su propiedad, no reportaron el hallazgo, pero la voz corrió, y el Hipogeo se salvó.
Ħal Saflieni es mágico y delicado, la irrupción del hombre moderno pone en riesgo un lugar aislado por siglos. Sólo 60 personas pueden verlo cada día, y lo hacen acompañados de un guardia que cuida el lugar. Por dentro, se impone una silenciosa admiración al ver aquello que la humanidad logró hace milenios.
No es éste el único lugar donde hoy se ven los cultos funerarios de Malta. Las catacumbas romanas de Saint Paul son especiales, al ser las únicas del Imperio con mesas construidas para los ágapes funerarios, comida con la que se despedía a los muertos.
Los cementerios más recientes carecen de la espectacularidad de los antiguos, pero aun así te los recomiendo, pues son una muestra del crisol cultural que es Malta.

No olvides volar para acá un día.


Tu amigo.

Bajo la Segunda Guerra Mundial

Parte de mis textos escritos para el libro Postales del Mundo: Maltaque dentro del proyecto de Caminos Sellados, rindió homenaje a las tarjetas postales con un estilo periodístico epistolar.
Los textos son míos y el libro fue desarrollado en colaboración con: Anna Boschdemont, Patricia Catania, Guillem Griera, Naiara Lemos y Marialenia Savvaidi.
El proyecto ganó un premio en los Malta Tourism Press Awards 2014


Bajo la II Guerra Mundial
Cruz de Jorge. Entregada a Malta por su heroísmo




Queridos padres:

Al caminar por los estrechos y oscuros corredores localizados bajo las murallas de Birgu, descubrí un mundo claustrofóbico donde los malteses temieron, rezaron y amaron durante dos años y medio. En la superficie, día tras día, aviones italianos y alemanes bombardearon sin misericordia la isla, buscando rendir el estratégico punto del Mediterráneo. Pero Malta estaba dispuesta a resistir.
Aprovechando antiguas cámaras subterráneas, y construyendo nuevas a pico y palo, el país tuvo en tiempo record una impresionante red de refugios antiaéreos, cuya visita hoy sobrecoge al ver las pequeñas habitaciones donde cientos de personas convivieron día y noche, entre la fría piedra caliza. ¿Imaginan lo que debió haber sido pasar esos más de dos años sin casi ver el sol?
A pesar del miedo y el hambre, Malta triunfo. Y terminado el castigo, los aliados coordinaron la invasión a Sicilia, inicio de la derrota de Mussolini, desde los Lascaris War Rooms, que hoy abren una ventana a los entretelones de la guerra que les encantará.
Acabada la guerra, por su heroísmo, el Rey les concedió la Cruz de Jorge, un honor tan grande que hasta hoy engalana su bandera, recordando que fueron esenciales para derrotar al eje.

Pronto compartiré más recuerdos con ustedes.


Su hijo.