jueves, 23 de abril de 2015

Un palacio por un amor

Caminos Sellados fue un proyecto del que tuve el gusto de ser fundador junto a cinco periodistas de viajes de cuatro países: Patricia Catania, Naiara Lemos, Marialenia Savvaidi, Anna Boschdemont y Guillem Griera. A través de un blog y de un posterior libro de viajes, se rendía homenaje a la tarjeta postal como elemento inseparable de los viajes, y se escribían textos que mezclaban el rigor periodístico e informativo, con un estilo epistolar. Todos estos textos se publicaron originalmente en www.caminossellados.com y terminaron con un premio internacional de periodismo de viajes. 
Dado que forman una serie, los iré publicando en orden cronológico.

Publicado originalmente el 24 de mayo de 2014



Querida amiga:

Ya sabes que soy un romántico, y como me encantan las grandes historias de amor hoy tenía que escribirte sobre una de la que me acabo de enterar, un gran romance que ocurrió en Barcelona, y que dotó a la ciudad de un bello edificio cuyo origen es desconocido por los miles de paseantes que caminan frente a él.
El protagonista de esta historia es Enric Sagnier, nacido en Tarragona y graduado como arquitecto en 1882. Enric empezó su carrera como asistente de Francisco de Paula del Villar y más adelante diseñó la iglesia de Santa Engracia de Moncada, en un pueblo cercano a Barcelona. Mientras se ocupaba en estos trabajos, el joven, quien también era un talentoso violinista y pintor, conoció y se enamoró de Dolors Vidal Ribas i Torrent. La chica debió apreciar los muchos talentos de Sagnier pues su amor fue correspondido, por lo que decidieron casarse. Pero cuando el joven fue a pedir la mano de su amada a su padre, éste se la negó, diciéndole que no tendría a su hija hasta que fuera un arquitecto reconocido.
Los pocos trabajos de Sagnier no bastaban al señor Vidal, y el joven se dio cuenta de que para convencerle tendría que diseñar un edificio de la mayor importancia en Barcelona. Afortunadamente para él, y con motivo de la futura Exposición Universal de 1888, el barrio de La Ribera estaba pasando por una importante transformación.

Palacio de Justicia de Barcelona (Wikimedia Commons)

El arquitecto se inscribió en un concurso para diseñar la nueva sede de los juzgados y la audiencia de la ciudad, que estarían localizados a un lado del Arco del Triunfo, puerta de entrada a la exposición. Una vez que el juzgado deliberó, su proyecto fue elegido y el joven recibió la comisión de hacerse cargo del proyecto al lado de su compañero Josep Domènech. La construcción del edificio tomaría veinte años, pero en 1888 con su proyecto ganador Enric Sagnier pudo casarse con su amada Dolors.
El Palacio de Justicia de Barcelona combina la funcionalidad de la sede con la monumentalidad de la obra, y con una belleza escultórica obra de los mejores exponentes de este arte. Tiene además lienzos de grandes pintores catalanes en su interior, y aún si estos elementos artísticos estuvieran ausentes, su arquitectura de grandes cúpulas y hierro forjado llaman poderosamente la atención, convirtiéndolo en una digna vista del paseo que engalana. 
El talento mostrado por Sagnier en esta primera obra luego se confirmaría, pues a lo largo de su vida el arquitecto continuó trabajando en grandes obras tanto en Barcelona como en sus alrededores, entre las que destacan la Aduana de Barcelona, el Templo del Sagrado Corazón en el Tibidabo y las Torres de Arbide en San Sebastián. Pero no me cabe duda de que entre todas sus obras, el arquitecto siempre debió tener especial aprecio por este palacio, que no sólo es la sede de las instituciones judiciales de la ciudad, también fue la obra que le permitió consumar un gran amor. 

¿No te encantaría que alguien levantara un palacio por ti?

Te dejo con esta historia, amiga, pero volveré con otras que voy descubriendo mientras paseo por Europa. 

Hasta la próxima.

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